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¿Para qué sirve tener ciudades hermanas?

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Los convenios de hermanamiento y de cooperación le han permitido a muchas ciudades latinoamericanas y a la propia región fortalecer sus instituciones y apostarle a un mayor desarrollo, mediante acciones conjuntas entre aliados internacionales.

Cities for Life – París 2016

“Todo divide a los Estados y todo une a los municipios”, fue la frase que pronunció Edouard Herriot, alcalde de la ciudad de Lyon, el 28 de enero de 1951 en lo que podría considerarse el inicio de lo que hoy conocemos como Ciudades Hermanas, una estrategia pensada desde 1947 por los ideólogos Lucien Sargent, Jean Bareth, Umberto Serafíni y Jacques Chaban.

El objetivo de esa iniciativa era crear una red de ciudades y municipios – Consejo de Municipios y Regiones de Europa (CMRE)–, unidos por el objetivo de evitar cualquier conflicto y promover el ideal de un continente basado en la autonomía y que, dados sus resultados positivos, ha podido extenderse al mundo entero.

Otro gran hito de este modelo fue el movimiento de Ciudades Hermanas Internacional creado en 1956 por el presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower en la conferencia de la Casa Blanca sobre la diplomacia ciudadana.

Eisenhower imaginó una organización que pudiera ser el eje de la paz y la prosperidad mediante la creación de vínculos entre personas de diferentes ciudades de todo el mundo. Al convertirse en amigos, el presidente Eisenhower pensó que personas de culturas diferentes pueden celebrar y apreciar sus diferencias, en lugar de excluir o generar tensiones que acaben en nuevos conflictos o guerras.

El movimiento de Ciudades Hermanas Internacional  (Sister Cities International), desde ese entonces ha creado relaciones basadas en la cultura, la información educativa y los intercambios comerciales, la creación de amistades de por vida que proporcionan la prosperidad y la paz por medio de la “diplomacia ciudadana”.

Es claro entonces que cuando dos ciudades deciden estrechar sus lazos, sus intereses deben apuntar a intercambiar conocimientos y experiencias alrededor de áreas de gestión urbana y de los programas y proyectos consignados en el Plan de Desarrollo de la Administración Municipal y Regional. Y cada vez es más común ver cómo las ciudades hallan enormes ventajas con este modelo, especialmente en asistencia y adopción de buenas prácticas.

A medida que el concepto de Ciudades Hermanas ha ido evolucionando y ha tenido una mayor acogida, han surgido dos figuras legales que responden a la misma filosofía: los convenios de hermanamiento y los de cooperación.

Los hermanamientos son mediados y logrados por los concejos municipales, los convenios de cooperación son realizados directamente por los alcaldes y aunque en términos protocolarios son iguales, se ejecutan de forma diferente.

Mientras los primeros abarcan la totalidad del plan de desarrollo, los segundos se concentran en proyectos específicos como la gestión del agua, el ecosistema de innovación, la planeación urbana, el cuidado del patrimonio, etcétera.

Para que los hermanamientos entre ciudades trasciendan, algunos municipios crean entidades o comités encargados de definir las funciones y los intereses de la relación en cuestión.

Tanto convenios de hermanamiento como de cooperación se realizan atendiendo a la oferta y la demanda de las ciudades.

A partir del análisis de necesidades se llega al convenio; sin embargo, si ya existe uno, las entidades mediadoras buscan orientarlo, volverlo estratégico y adecuarlo a los requerimientos de la ciudad.

Con el fin de que las ciudades obtengan recursos externos, sean monetarios o de aprendizaje, se requiere que se acojan a modelos de cooperación internacional. Uno de esos modelos es el bilateral, que funciona entre gobiernos nacionales y sus planes de desarrollo. Otro modelo es el multilateral, gestionado por organismos de las Naciones Unidas, como el Banco Mundial.

Actualmente existen muchas instituciones que tienen como principal objetivo fomentar el hermanamiento de ciudades, buscando en este hecho una reducción de los riesgos de guerra y sobre todo la realización de vínculos culturales. Lo cierto es que el hermanamiento es un modelo efectivo de cooperación y una evidencia de que la unión hace la fuerza y permite crecer juntos, lo que se convierte en un activo importante para las ciudades.

*Artículo escrito con información de la revista Carta Medellín

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