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Teatro Moitará y las máscaras

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El Grupo de Teatro Moitará tiene su sede en todo el corazón de Lapa, a menos de una cuadra de las famosas escalas de Selarón, uno de los lugares más turísticos de la ciudad y seguramente del mundo. Pero Lapa no siempre tuvo la vida que tiene ahora. Al principio del siglo XX, tuvo su primera transformación, logrando un aire bohemio donde creció el número de bares, cafés con música en vivo, pero después vino un largo deterioro debido, según algunos, por las medidas ultraconservadoras de un gobierno. Así, Lapa se deterioró y empezó a ser abandonada por sus antiguos residentes y comerciantes y fue tomada por traficantes.

Cuando Venicio Fonseca buscó el espacio para el grupo de teatro, encontró este espacio a muy buen precio, apenas iniciaba un nuevo repoblamiento del barrio que retomaría su estilo bohemio, la diversa actividad artística y su imponente vida nocturna. Aún hoy sigue la reconstrucción y mejoramiento del barrio.

La sede del Teatro Moitará luce como un edificio residencial desde afuera. Cuando subimos al tercer piso encontramos una oficina con varios puestos y una biblioteca, es que el trabajo de ellos es esencialmente de investigación y experimentación teatral. Hay más espacios del teatro, dispersados en el edificio. No sabemos decir exactamente en qué piso están, pero hay un salón de ensayo, un salón amplio con sillas alrededor y un teatro con escenario y unas seis o siete filas de sillas ascendiendo como tribuna.

Érika y Venicio son el núcleo base del Grupo de Teatro Moitará que nace en 1988. Este siempre ha sido el equipo coordinador y permanente del grupo, aunque por él han pasado muchas personas como actores y colaboradores que luego arman sus propios proyectos y se van, nos cuenta con tranquilidad Venicio, al fin y al cabo, Moitará es una palabra tribal que significa intercambio (troca).

Estos dos actores e investigadores son de una disciplina férrea, sus rutinas de trabajo y estudio son estrictas, incluso lo fueron cuando iniciaron este proyecto. Cuenta Venicio que destinaba 6 horas diarias desde las 8:00 a.m. para estudiar y practicar teatro. Sin descanso quería comprender y apropiarse de la dramaturgia del actor con el método grotowskiano. Este método lo habían conocido a través de grupos de otros países que llegaban a presentarse en Brasil. Ensayaban, leían, buscaban.

La máscara teatral

Entre tanto estudio, experimentación y aprendizaje, encontró en un libro a quien sería su más importante maestro del teatro: Donato Sartori. Rápidamente lograron contactarlo y viajaron a Italia para conocerlo. En adelante sería su maestro -hasta colaborador y amigo- en elaboración y trabajo con máscaras en barro, madera y cuero.

De esta manera el Grupo Moitará se vuelve pionero del trabajo con máscara teatral en Brasil. Especialmente porque en el país no había un trabajo investigativo, no estaba en las universidades y no se conocía la técnica del manejo de la máscara.

“La máscara existía en el teatro brasilero, pero como accesorio, no como lenguaje o como elemento importante para la creación del teatro esencial”.

La técnica de actuar con la máscara necesita trabajo intenso sobre el cuerpo físico y la energía. Es que las expresiones corporales, el movimiento y la presencia permanente del actor en el presente, hacen que las emociones que quieran expresar sean precisas, aún sin cambiar la expresión facial -ya que está la máscara- y aún con máscaras que ya tienen una expresión predefinida.

Los tipos de máscaras con las que ha trabajado Moitará empiezan con la máscara neutra, que es completa por tanto se actúa en silencio y no tiene ninguna expresión facial. También han trabajado con máscaras geométricas que también son enteras. Las máscaras larvarias que además de enteras representan algo entre una figura humana y animal. Las expresivas son máscaras que tienen predefinida una emoción. Y finalmente las medias máscaras que también proponen expresiones fijas, pero permiten completar al personaje con la voz.

Con investigación y experimentación, Moitará diseña e implementa su propia metodología de trabajo con máscaras para enseñar y hacer el montaje de sus espectáculos. Los temas de sus obras han transcurrido especialmente entre la cultura popular brasilera, la dualidad de las emociones del ser humano y la importancia del femenino presente en cualquier persona para encontrar equilibrio. En muchas de sus obras hay un ritmo un poco más acelerado probablemente porque hay humor y hay música interpretada por los actores en el escenario.

Sostenimiento

“En la época en que estudiaba seis horas diarias, yo estaba muy joven y tenía esa voluntad de trabajo, aprendizaje y experimentación. Pero como estaba tan dedicado a eso, no tenía tiempo para nada más y terminé pasando dificultades. Luego inventé una forma de sobrevivencia utilizando lo que aprendía para generar recursos. Ahí construí máscaras miniatura para vender en diferentes materiales entre ellos metal y yeso”.

Venicio no dejó nunca el teatro, no encontraba una forma de trabajo por fuera de él. Y las máscaras miniaturas les ayudaron a sostenerse, aún cuando ya estaban dictando talleres de máscara teatral y dando charlas sobre eso. Al final ofrecían estos pequeños y pulidos accesorios.

Se enorgullece de que después de tanto esfuerzo hubiera conseguido vivir de lo que hace y cree, y que hoy eso tenga una línea pedagógica y técnica, además de colaborar con la vida y el desarrollo de personas y de la sociedad.

“No hay arte por arte, sino arte para la vida. No es una relación sólo de comercio sino de contribución artística, técnica y social”.

Para el grupo de teatro Moitará fue decisivo el apoyo al desarrollo artístico y de inclusión social que hizo el gobierno de Lula a proyectos de este tipo. Moitará recibió apoyo del gobierno en 2003 para montar y presentar una de sus principales obras, Imagens da Quimera, que fue vista por más de 30.000 personas, les donaban comida al ver la obra para apoyar el programa Fome Zero, una de las banderas de Lula.

Fue tal el éxito que Moitará se convirtió en uno de los puntos de cultura (Pontos de Cultura) llamado Palabras Visibles con una metodología de teatro para sordos. De allí surgió un espectáculo que tiene como objetivo ser punto de encuentro entre sordos y oyentes demostrando la importancia de la expresión corporal en el trabajo con máscara teatral.

“Cuando una persona siente dolor es dolor en todo el cuerpo y si siente felicidad lo siente en todo el cuerpo. Son sentimientos corpóreos que no se expresan solamente por el habla o por los gestos faciales”.

Así mismo, el gobierno quería fomentar la sostenibilidad y creación de organizaciones culturales, gracias a lo cual Moitará pudo comprar su propia sede. Con estos estímulos ellos pudieron ampliar sus grupos de investigación de teatro, daban talleres gratis y hicieron montaje de obras.

Hoy, con la salida del PT, Venicio se siente preocupado por el sostenimiento del teatro, pero con la trayectoria y reconocimiento que tiene el grupo y el espacio, han podido sortearlo. El espacio está disponible para que lo alquilen grupos de teatro, cobran las entradas para sus espectáculos y ofrecen clases y talleres.

Desmonte cultural y social

La llegada de Bolsonaro implicaba el desmonte total de cualquier rastro de políticas sociales y culturales del PT, pero la amenaza más grande se volvió la persecución política de este nuevo gobierno. A Venicio le duele que el país retroceda en desarrollo social y cultural y que a va a ser muy difícil volver a conseguirlo.

“Fue un gobierno y un partido con el que Brasil empezó a ser reconocido mundialmente, con el que mejoró su nivel social, las oportunidades para la gente y que sacó a 40 millones de personas de la miseria”.

Lo que más preocupa es hasta dónde puede llegar este gobierno persiguiendo decididamente al que piensa diferente porque, según él, tiene capacidad y mentalidad de matar.

Para Venicio, Brasil marca una tendencia política en Latinoamérica, ve más países escogiendo gobiernos que limiten o imposibiliten el desarrollo cultural y social, con excepción de Uruguay que ha resistido. Dice Venicio que para hacer la resistencia hay que utilizar el arte porque sensibiliza a través de las relaciones humanos y esclarece de forma alternativa las injusticias políticas y sociales.

Una Latinoamérica soñada por artistas sería “más libre, más estimulante, más afectiva, con más posibilidades de escucha y de intercambio”.

Fuentes:

  • Entrevista a Venicio Fonseca fundador y coordinador del Teatro Moitará y vista al espacio en Río de Janero, Brasil.
  • grupomoitara.com.br

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