The Biggest Little Farm: una razón para ser optimistas

The Biggest Little Farm: una razón para ser optimistas

LA Network - Equipo editorial
15 mayo, 2021 - Ecología Urbana

El documental recomendado esta semana en nuestra sección Netflix para salvar el planeta es un gran ejemplo de la oportunidad que aún tenemos los seres humanos de promover el equilibrio con la naturaleza y contribuir así a su regeneración.

The Biggest Little Farm: una razón para ser optimistas
Empujados o quizás inspirados por su perro Todd, la pareja de Molly y John Chester, deciden dejar atrás su antigua vida en la megaciudad de Los Ángeles y comprar una granja abandonada de 200 acres en Moorpark (California).

Desde el punto de vista biológico, la regeneración es el proceso por el que se recupera la estructura y la función de órganos o partes de un cuerpo dañadas.​

Hoy el término regeneración se usa desde la perspectiva ambiental para enfatizar en la importancia de reaprender a observar la naturaleza, a descodificar sus leyes y a participar en los procesos que sostienen la vida, para así promover una restauración ecológica.

Y un muy buen ejemplo de lo que es la regeneración y el valor que tiene para el equilibrio de la naturaleza es el documental recomendado de hoy: The Biggest Little Farm. Una película que se aleja del tono fatalista de muchos otros audiovisuales sobre el medio ambiente o el cambio climático.

Empujados o quizás inspirados por su perro Todd, la pareja de Molly y John Chester, deciden dejar atrás su antigua vida en la megaciudad de Los Ángeles y comprar una granja abandonada de 200 acres en Moorpark (California), bautizándola como “Apricot Lane Farms”, no sin antes enfrentar el obstáculo de no tener dinero y apelar a buenos amigos para hacer un crowdfunding y así poder ajustar el recurso necesario para la compra.

Los Chester pasarán entonces los siguientes ocho años transformando el paisaje árido del terreno comprado en una granja totalmente funcional y un hábitat biodiverso para la flora y fauna vecinas. Año tras año aumentarán las dificultades para mantener en funcionamiento la granja, lo que nos deja ver como espectadores momentos de frustración y enojo, pero también de satisfacción y alegría por la manera cómo los esposos se reconcilian con la naturaleza.

John Chester, protagonista y director del documental, aquí en la imagen con Emma, la cerda que vive en la granja y tuvo 17 lechones en su primera camada. Foto: Neon

En ese recorrido vital de la pareja, también desfilan personajes animales adorables. Está por supuesto Todd, el perro de rescate cuyo permanente ladrido hizo que los Chester fueran desalojados de su apartamento en Santa Mónica. Y está Emma, ​​la cerda embarazada que da 17 cerditos en su primera camada y que lentamente se va convirtiendo en la mascota de la granja.

Es así como “Apricot Lane Farms” se transforma en una granja integrada dentro de un ecosistema renovado. El documental nos permite observar la interconexión de la naturaleza para ayudar a desarrollar la salud del suelo, maximizar la biodiversidad y cultivar de forma regenerativa los alimentos.

Sin duda, los Chester descubren un diseño biológico diverso que existe mucho más allá de su granja, sus estaciones y la imaginación más creativa. El documental tiene momentos que evidencian el milagro de la naturaleza y su capacidad cierta de regenerarse, a pesar de los excesos y abusos de la especie humana.

Con una cinematografía bellísima, personajes y animales entrañables y un mensaje urgente para atender el llamado de la Madre Naturaleza, The Biggest Little Farm nos brinda a todos una hoja de ruta para una vida mejor y un planeta más saludable, sin duda, con un tono muy optimista.