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13.092.049 de los vehículos que los ciudadanos compraron durante el año 2017, en los 32 departamentos de Colombia, produjeron 6.966.351 de toneladas en dióxido de carbono, cifras que dio a conocer Luis Fernando Ortega, quien hace dos años fue funcionario de la Superintendencia de Transporte, entidad adscrita al Estado. El parque automotor crece de forma desmedida, y no solo en Medellín como lo quieren mostrar en los medios masivos de información, Bogotá, Cali, Ibagué y Barranquilla son las regiones donde la contaminación ha jugado un papel antagonista ante la calidad del aire.

Soy usuario de Encicla en Medellín, el Sistema de Bicicletas Públicas del Valle de Aburrá, un recurso que, hasta el día en que redacto este escrito, alcanzaba los más de 77.000 usuarios, una cifra baja en comparación con Bogotá, que, a pesar de no tener una entidad encargada del manejo en bicicletas, registra más de un millón de personas. Es triste que un medio como la bicicleta no tenga cabida en las discusiones clave para los planes de desarrollo en las regiones, porque, para sostener más de dos millones de vehículos (corte 2018) que tiene Medellín, o los más de 13 millones en Colombia y que mencioné al inicio, no hay “remedio bendito” o “solución con pañitos de agua tibia”.

Hablar del aire, sin saber, no era correcto, hasta que lo hizo Medellín en 2016 con el primer Pico y Placa Ambiental, una “fórmula” que busca bajar los índices de contaminación del aire, tanto en fuentes fijas (fábricas) como en fuentes móviles (vehículos), un plan, que en su inicio funcionó, pero que con el tiempo se hacía necesario implementar por el impacto en el alza del parque automotor. Esto fue un primer pellizco para los ciudadanos que empezaron a difundir la “fórmula”, ya que si esto sigue sin solución, hasta el año 2030, tendremos 67 millones de toneladas en dióxido de carbono, según el Instituto Nacional de Salud (INS).

Pasemos al lado negativo del asunto, Bogotá tuvo hace varias semanas una contingencia ambiental, hecho que dio pie para un Pico y Placa Ambiental todo el día, los índices de contaminación bajaron considerable, de alerta naranja a alerta amarilla, hasta que Enrique Peñalosa, quien es el alcalde, decretó tres días después su suspensión. Las reacciones no se hicieron esperar y criticaron el “remedio bendito” o aquella “solución con pañitos de agua tibia”, las redes sociales, que no perdonan nada, dejaron en el aire que Medellín y Bogotá son las ciudades de la contaminación en toda Colombia.

Nada ha sido efectivo, ni en el caso de Bogotá ni en la situación de Medellín, la contaminación creció a niveles desmedidos, las muertes por contaminación pasaron de 3,5 a 4,2 millones en el año, aunque dice el INS que “no hay un estudio clave que compruebe una muerte por contaminación del aire, tal vez sea por intoxicación o gripa”. Siento que como peatón y ciclista, dos actores clave en la movilidad, no hemos avanzado, caminamos como la tortuga, pero retrocedimos como el cangrejo.

Avanza este año de movidas ambientales y Medellín, Bogotá, Cali, Ibagué y Barranquilla necesitan de acciones urgentes, las que sean importantes, la mayoría de personas, como yo, nos sentimos aprisionados por las congestiones, las enfermedades por el aire, incluso por la compra de tanto vehículo. ¿Para cuándo la idea de implementar más ciclorrutas y utilizar más los medios de transporte masivo? Ahí les dejo, queridos lectores, una idea, que aunque suena cliché, es importante para ser parte de la solución.