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Un Plan Resiliente para la acción por el clima

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El cambio climático presenta enormes desafíos a las ciudades de todo el mundo. Un Plan de Acción Climática no hará que estos desafíos sean menores, pero si fijará un rumbo claro de hacia dónde queremos ir y qué debemos hacer para llegar allí. Foto: pexels-markus-spiske-2990617-scaled

Es indiscutible que las actividades humanas están provocando el cambio climático, y este ya afecta a todas las regiones del planeta. Si queremos limitar el calentamiento a 1,5° necesitamos lograr reducciones inmediatas, rápidas y a gran escala de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). 

Estas fueron algunas de las conclusiones del sexto informe de evaluación del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC)1, presentado hace algunas semanas. El documento elaborado por el Grupo de Trabajo 1 del IPCC implicó la revisión de más de 14 mil publicaciones y contó con los aportes de 234 autores de 65 países.  

El nuevo informe del IPCC viene a confirmar la gravedad de la crisis climática que enfrentamos: de acuerdo a los expertos, las actividades humanas están produciendo un calentamiento sin precedentes en los últimos 2.000 años, mientras que la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera es la más alta en los últimos 2 millones de años. Además, se espera que los eventos climáticos se intensifiquen conforme aumenta la temperatura. Por ejemplo, por cada grado adicional de calentamiento, se proyecta que las precipitaciones extremas aumenten un 7% a nivel global. 

Si bien la situación es crítica, estos datos tienen que ser un llamado a la acción: todavía estamos a tiempo de frenar los peores impactos del cambio climático e impulsar una transición hacia un desarrollo más sostenible y resiliente. 

En este marco, las ciudades tienen un rol central: son responsables de dos tercios del consumo de energía y producen alrededor del 75% de las emisiones globales2. Además, de acuerdo a las conclusiones del último informe del IPCC, algunos aspectos del cambio climático podrán verse amplificados en el mundo urbano, en particular las olas de calor y las inundaciones debidas a precipitaciones intensas y al aumento del nivel del mar en las ciudades costeras. 

Frente a este escenario, ciudades de todo el mundo se comprometieron y ya están trabajando para acelerar la acción por el clima. Esta no es una tarea fácil, sino que implica alinear a toda la gestión local, como también al resto de la sociedad, detrás de una visión de desarrollo que incorpore y priorice la construcción de resiliencia climática y el cumplimiento de las metas de reducción de emisiones. Además, requiere de la movilización y obtención de financiamiento en pos de estos objetivos, la producción y el uso de evidencia, y una estrategia de comunicación clara y constante. 

¿Cómo pueden las ciudades hacer frente a este enorme desafío? Pues bien, como para cualquier meta ambiciosa en la gestión pública, resulta fundamental formular un plan. En este caso, un Plan de Acción Climática. 

Los Planes de Acción Climática, también llamados “PAC”, son una herramienta que establece las medidas necesarias para mitigar el cambio climático y/o adaptarse a sus impactos en una jurisdicción. El PAC permite a los tomadores de decisión contar con una lista de acciones y sus hojas de ruta para enfrentar el cambio climático, como también contribuir a otros objetivos inherentemente relacionados como, por ejemplo, de desarrollo, salud y bienestar de la comunidad.  

Para cualquier ciudad interesada en comenzar a trabajar en el desarrollo de su PAC, podemos estructurar el proceso en tres grandes etapas:  

En primer lugar, tenemos la etapa de diagnóstico. En esta primera instancia, podemos avanzar con la realización de un inventario GEI y mapas de riesgo climático, como también relevar las medidas de mitigación y adaptación existentes. Para esto, será fundamental involucrar a todas las áreas de gobierno relevantes y llevar adelante un proceso de sensibilización interna, de manera que todos los actores puedan entender su rol y contribución en el PAC y en la estrategia de cambio climático de la ciudad. 

En segundo lugar está la etapa de planificación, gobernanza y participación. Este es el momento en el que definiremos cómo vamos a articular el trabajo hacia dentro y fuera del gobierno. Idealmente, el esquema de gobernanza deberá ser liderado por el alcalde o alcaldesa, con mesas de trabajo políticas y técnicas. Asimismo, deberemos asegurar instancias participativas con nuestros vecinos y vecinas, como también incorporar las perspectivas de la academia, la sociedad civil y el sector privado.  A partir de este esquema podremos terminar de ajustar y validar las metas de mitigación y adaptación, como también la aprobación final del Plan. 

Por último, tenemos la etapa de implementación, monitoreo y mejora continua. Aquí nos dedicaremos al diseño de las hojas de ruta para implementar cada medida, definiendo su presupuesto y las estrategias de financiamiento. Asimismo, tendremos que considerar los instrumentos normativos necesarios para la implementación de las acciones de nuestro Plan. Finalmente, deberemos establecer un mecanismo regular de monitoreo y evaluación, al igual que los dispositivos de comunicación y rendición de cuentas ante la ciudadanía. 

Más allá de este esquema general, también es necesario tener presente que cada ciudad es única, con características y necesidades particulares, por lo que el Plan de Acción Climática se adecuará a la realidad de cada ciudad. En este sentido, la definición del tipo de plan a desarrollar estará relacionada tanto con las problemáticas estructurales de la jurisdicción, como con la disponibilidad de recursos técnicos, económicos y de tiempo. Del mismo modo, para que logre su objetivo, necesitamos que la propuesta del PAC sea políticamente viable y deseable. De nada servirá generar un documento técnico que no cuente con tracción ni apoyo de los tomadores de decisión. 

En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, este año lanzamos nuestro nuevo Plan de Acción Climática3, que será una hoja de ruta para lograr la neutralidad de emisiones en 2050. La elaboración del nuevo PAC fue liderada por la Agencia de Protección Ambiental (APrA) de la Ciudad, en coordinación con más de 30 áreas de gobierno, y con el apoyo de la red internacional de ciudades C40 y de un Consejo Asesor externo conformado por 15 expertos. Además, se sumaron aportes de distintos espacios de participación como el Foro de Lucha contra el Cambio Climático, talleres con adultos mayores, encuentros con sector privado y organizaciones de la sociedad civil. 

El cambio climático presenta enormes desafíos a las ciudades de todo el mundo. Un Plan de Acción Climática no hará que estos desafíos sean menores, pero si fijará un rumbo claro de hacia dónde queremos ir y qué debemos hacer para llegar allí. Además, si construimos nuestro Plan con los aportes de toda la comunidad, podemos generar un compromiso mucho más amplio, que nos permita avanzar en la construcción de ciudades más sostenibles y resilientes. 

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