Un regreso a las agendas de desarrollo sostenible

Un regreso a las agendas de desarrollo sostenible

David Groisman - Director de Resiliencia y Director General de Intercambio de Gestión, Buenos Aires (Arg)
20 septiembre, 2020 - Hábitat y Desarrollo Urbano

A pesar de los múltiples esfuerzos para avanzar en el desarrollo sostenible en los últimos años, la pandemia chocó como un tren de frente a las grandes ciudades del mundo.

Un regreso a las agendas de desarrollo sostenible
Barrio La Boca en Buenos Aires, Argentina.

Por David Groisman (*)

A los principales aglomerados urbanos como Madrid, Milán, Londres o Nueva York les tocó la peor parte, las características propias de este flagelo se encargaron de eso: en la era de la globalización, los centros poblacionales con mayor densificación constituyen las puertas de los países al mundo, convirtiéndolos en los principales focos de multiplicación y propagación del COVID- 19.

Según la Organización de las Naciones Unidas ONU, en la actualidad casi 900 millones de personas viven en asentamientos informales en ciudades y sus áreas metropolitanas. La Agenda 2030 de las Naciones Unidas hace eco de la situación y llama a la construcción de ciudades más sostenibles, inclusivas y resilientes. Particularmente en Latinoamérica, es muy común que existan todavía barrios con deficiencias en la infraestructura para la provisión de servicios básicos. A pesar de avances considerables en la integración de estos sectores en algunas ciudades, la falta de agua potable y acceso a cloacas conformaron condiciones ideales para la propagación del nuevo virus.

La pandemia también trajo consigo situaciones forzadas de encierro y convivencia, que se manifestaron en un recrudecimiento de los casos de violencia de género. En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, el gobierno de la ciudad reportó que las denuncias telefónicas a la línea 144 aumentaron en un 48 %. Esta tendencia se repitió en gran parte de las ciudades del mundo. De acuerdo con el Secretario General de la ONU “los escasos avances en materia de igualdad de género y derechos de las mujeres conseguidos a lo largo de las décadas están en peligro de retroceso como consecuencia de la pandemia”. Esto también es cierto cuando pensamos en la desproporción de trabajo no remunerado que realizan las mujeres, como también en su exposición como trabajadoras de primera línea.

La crisis sanitaria también demostró el enorme desafío que queda pendiente en materia de trabajo decente, otra de las temáticas abordada por la Agenda 2030 en el ODS 8. El empleo informal aumenta la vulnerabilidad frente a la pandemia ya que pone en juego la salud y la subsistencia económica. Este escenario nos exige reforzar nuestras redes de contención y promover la reconversión

profesional, además de estimular la creación de nuevos empleos de calidad en la recuperación de la crisis.

Con la llegada de la COVID 19, la principal respuesta a nivel mundial consistió en el distanciamiento social: los gobiernos le pidieron a la gente que se quedara en sus casas y en todo el mundo tuvimos que trasladar la oficina y la escuela al hogar. Asimismo, el espacio público tuvo que adaptarse a las condiciones impuestas por la nueva normalidad, con estándares de sanitización rigurosos y un estricto cumplimiento de la distancia social. Las veredas se adaptaron para guiar y contener las filas de los locales comerciales y, en muchas ciudades, se dibujaron círculos en los parques para que la gente pueda disfrutar a una distancia prudencial de otros grupos.

Algunas de las grandes capitales globales como Milán y París decidieron ir más allá y utilizar esta oportunidad para poner en marcha ambiciosos programas de movilidad sostenible. La creación de nuevas ciclovías y la peatonalización de calles tienen el potencial de convertirse en las protagonistas de la nueva normalidad.

Las ciudades se vieron sorprendidas por un shock externo que, como postulan las teorías sobre resiliencia urbana, las desvió de sus trayectorias de desarrollo. Como en otros momentos de la historia, las comunidades deberán demostrar su capacidad de procesar este impacto y emerger fortalecidas.

En algunos meses, seguramente los peores efectos en términos sanitarios estarán bajo control. Sin embargo, en lo que respecta a la situación económica y social, aún es difícil terminar de dimensionar la magnitud del impacto.

Una vez que el virus se retire deberíamos poder analizar el desempeño de los gobernantes no solo por la cantidad de víctimas que tengamos que lamentar, sino también por otros parámetros como la pérdida de empleos, el impacto en la calidad educativa, el aumento de la violencia intrafamiliar, o el estado de nuestro ambiente.

Este análisis más global de los efectos de la crisis sanitaria está estrechamente ligado a las agendas de resiliencia y de desarrollo sostenible. Si pudiéramos retroceder el tiempo, sabiendo lo que va a pasar en el mundo –especialmente en las ciudades- en el año 2020, deberíamos decirles a los gobernantes que inviertan con urgencia en estas estrategias.

La incorporación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a la planificación urbana permite preparar mejor a las ciudades para estos embates. Los ODS crean un marco para que los gobiernos fortalezcan el empleo digno, las condiciones de infraestructura en barrios vulnerables y los mecanismos para eliminar la violencia y la discriminación en todas sus formas. También marcan un compromiso con la acción por el clima y el futuro que les dejamos a las próximas generaciones.

Por su parte, las agendas de resiliencia urbana destacan la importancia de planificar las ciudades haciendo foco en la identificación y preparación frente a futuros shocks, de manera de lograr reducir sus efectos disruptivos.

El próximo gran impacto global podrá presentarse en forma de pandemia, evento climático o crisis social, pero si queremos que nos encuentre mejor preparados, tendremos que hacer de la resiliencia y el desarrollo sostenible una agenda prioritaria para las ciudades de todo el mundo.

(*) Economista, especialista en políticas públicas y resiliencia urbana (Global Resilient Cities Network – GRCN)