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Viviendas y la ocupación de la ciudad en tiempos de pandemia

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Una reflexión sobre desigualdad social y el hambre en Brasil

Con la pandemia y el déficit de viviendas, aumentaron aún más las desigualdades en Brasil.

La pandemia del Covid-19 agravó problemas históricos como la desigualdad social y la dificultad de acceso a los derechos humanos. Lo que vemos es que la crisis no es solo sanitaria, sino que igualmente humanitaria. Muchos no tienen agua potable, saneamiento básico, electricidad, acceso a internet o transporte adecuado. Una serie de deficiencias que pueden causar problemas laborales y de salud con el tema del confinamiento.

Un artículo publicado en la Revista PET Economía, de la Universidad del Espírito Santo (UFES), discute este problema en detalles. De acuerdo con el documento, aunque no se pueda hacer una evaluación inmediata de las consecuencias del avance de la pandemia sobre la población brasileña, una salida sería la intensificación de políticas públicas de asistencia social para amenizar las condiciones precarias de vivienda en el país, además de medidas para combatir las altas cifras de desempleo, hambre y desigualdad.

¿Qué hacer cuando las condiciones no permiten el aislamiento?

Según el especialista en sociología urbana Luiz Kohara, existe un modelo de desarrollo urbano en Brasil marcado por una gran concentración de propiedades en las manos de pocos, mientras tanto, la mayor parte de la población no puede acceder a viviendas de forma digna como está asegurado en la Constitución.

Con la pandemia y el déficit de viviendas, aumentaron aún más las desigualdades de acceso a agua potable, calles pavimentadas y saneamiento básico. Lo que impide a miles de personas hacer cosas simples que pueden ayudar en la prevención del coronavirus como lavar las manos.

Es importante recordar que como producto de la especulación inmobiliaria hay un aumento de los precios y en muchas ciudades brasileñas hubo una expulsión de personas de las áreas urbanas centrales hacia la periferia, donde sus condiciones de vida y acceso a una infraestructura digna son mucho más precarias.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), un 55% de la población en el mundo es urbana. En Brasil, las cifras alcanzan un 85% según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). En todo el mundo, las medidas más eficaces para contener el avance del virus tienen relación con la movilidad urbana y ocupación de las viviendas para el aislamiento social.

Brasil vuelve al mapa del hambre

Además de la pandemia, tenemos también la vulnerabilidad social. De acuerdo con proyecciones, al menos un 14% de la población brasileña podría estar pasando por algún tipo de inseguridad alimentaria. El año pasado hubo una ayuda monetaria mensual por parte del gobierno a los desempleados, de cerca de 100 dólares al mes, con seis pagos. Ahora en abril se volverá a entregar esta ayuda monetaria, pero, con una diferencia, el equivalente a solamente 40 dólares y por cuatro meses.

El proyecto “Favela en Desarrollo” cuenta con ayuda a través de las redes sociales para continuar con la distribución de alimentos.

Proyectos como “Favela en Desarrollo”, del periodista Rennan Leta, cuentan con ayuda a través de las redes sociales para continuar con la distribución de alimentos. Creado en 2017 con acciones en la pascua para niños en la “Favela Mata Machado”, hoy cuenta con biblioteca comunitaria, cursos de dibujo, arte y educación.

Para Rennan, el hambre hoy es una realidad frecuente. “Los pedidos de ayuda no paran, son muchas familias sin tener lo que comer, incluso las personas que antes disfrutaban de una buena condición de vida”, enfatiza.

Con casi un año en la misma situación, el periodista destaca que muchos se han olvidado de estos pedidos de ayuda. “En los tres primeros meses de la pandemia fueron más de 500 familias ayudadas con canastas básicas y kits de higiene personal. Pero ahora las donaciones cayeron mucho”, resalta Rennan.

Otras acciones como la “Voz de las Comunidades” en Río, intentan de alguna forma ayudar a solucionar ese problema. Creado inicialmente como un periódico comunitario, se convirtió en una base de pedidos de ayuda por parte de la población. Hoy en día actúan con la distribución de comida y canastas básicas. Su creador, Rene Silva, que vive en “Complexo do Alemão”, una de las mayores favelas de Río de Janeiro, destacó en sus redes sociales: “La meta diaria es por lo menos 100 personas atendidas con nuestro proyecto. Pero es importante utilizar nuestra fuerza para apoyar a otras favelas que necesitan de ayuda”, cuenta Rene.

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