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¿Y qué hacemos con los pobres?

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En el 2018 el motor tendrá que ser el mercado
Viviendas en Monterrey. Foto: Archivo LA Network

Mucho se ha hablado de las complejidades del reto habitacional. Yo solo quiero recordar que el problema se agudiza en los segmentos de menores ingresos… Esos para los que no se acaban de generar alternativas que en verdad permitan atender su muy personal reto habitacional.

Es simple; 70% de los mexicanos califican como pobres... Y los pobres no tienen ni el ahorro, ni los ingresos necesarios para comprar una vivienda… Es más, la mayoría ni siquiera califican como potenciales tomadores de crédito hipotecario.

Por otro lado, más de la mitad de quienes militan en la población económicamente activa lo hacen desde el sector informal o en forma independiente, lo que significa que no tienen acceso a servicios de seguridad social, entre los que destacan los dos mayores Institutos de Vivienda del país; Infonavit y Fovissste.

Claro, en este último grupo que cuando se habla de vivienda se ha dado en llamar, “No Afiliados”, encontramos profesionales independientes con ingresos medios e incluso altos, aunque, en concordancia con lo que sucede con el total de la población económicamente activa, la mayoría son de bajos ingresos.

¿Esto que significa? Pues significa que para atender el reto habitacional es urgente fortalecer los instrumentos de crédito y subsidio dirigidos a los grupos de menores ingresos, así como crear esquemas que permitan atender a los famosos No Afiliados.

Es evidente… Pero igual de evidente tendría que ser el entender que si de verdad se quiere hacer frente al reto habitacional, el camino -el ÚNICO camino- debe partir de una visión integral….

Va de nuevo: IN-TE-GRAL…

Esto significa que hay que asumir objetivos de carácter social, económico, ambiental y urbano, y entender el ordenamiento territorial, la planeación urbana y la vivienda, como parte de un sistema en el que deben participar en forma coordinada los tres órdenes de gobierno, la sociedad y la iniciativa privada.

Significa también que no hay que caer en la tentación populista de descalificar la producción formal y optar por el camino fácil de la normalización y el fomento de modelos basados en la autoproducción, la informalidad e incluso la ilegalidad.

Porque aguas; se ha satanizado la producción formal, pero no se dice que sin ella hubieran proliferado los asentamientos irregulares-en muchos casos en zonas de alto riesgo-, las invasiones de predios, y viviendas sin servicios, de pobre calidad y con severos problemas en cuanto a la legalidad de la propiedad.

¿Qué hacemos con los pobres?

Bueno, pues lo sensato sería darles prioridad en un sistema integral en que gobierno, sociedad e iniciativa privada, asuman los papeles que les corresponden en el proceso de dar forma a un sistema de construcción de ciudad, que tenga como prioridad atender la demanda de vivienda de todos sus habitantes.

¿Primero los pobres?

PERFECTO… Solo que para hacerlo bien hay que hacerlo a partir de una visión integral.

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