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¿Quién quiero ser? ¿Cómo quiero vivir? La pregunta “humana” de las ciudades

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No son realmente preguntas nuevas, ahora cuando más de la mitad de los habitantes del mundo lo hacemos en ciudades, el fenómeno de la urbanización, nos pone frente al carácter de nuestras ciudades con la pregunta sobre ¿Quién es y quien quiere ser mi ciudad? Cuál es su personalidad, su arquitectura humana, su sueño, su visión, hacia donde va. Y la otra pregunta, no menos importante, es como ciudad, ¿Cómo quiere vivir? Es decir qué condiciones se ofrece para desarrollar su sistema de relaciones con el entorno en lo social y en lo ambiental.

En estas dos preguntas se encuentra el centro de la cuestión sobre lo que denominamos Sostenibilidad; que no es otra cosa que la pregunta por lo humano en las ciudades. La pregunta esencial que denota que primero están los ciudadanos y luego la ciudad; y que somos justamente los ciudadanos, como comunidad, con nuestras elecciones, los que le otorgamos una personalidad a las ciudades que habitamos.

La sostenibilidad, es la respuesta a ¿Quién quiero ser? Y ¿Cómo quiero vivir? – Es la preocupación por cómo estamos viviendo hoy y sobre todo qué posibilidad existe de tener un mejor futuro si seguimos viviendo como lo hacemos hoy-.

La reflexión es válida si consideramos que en nuestras ciudades se agudizan problemas como la inequidad, la violencia, la inseguridad, las brechas educativas, la falta de solidaridad, la corrupción, el desequilibrio entre ciudad y ruralidad, la debilidad institucional y la inviabilidad ambiental, entre otras. Así, que es necesario preguntarnos por nuestros modelos de desarrollo, de cultura, de ordenamiento territorial, de construcción de comunidad.

De acuerdo con el índice de desarrollo sostenible, realizado por Sustainable Society Foundation no debemos hablar de ciudades sostenibles sino de comunidades sostenibles. Esto tiene todo el sentido porque las ciudades son sobre todo comunidades.

Pero, ¿qué es una comunidad sostenible? – aquella en la que sus habitantes pueden proveer sus necesidades, se preocupan por las necesidades de las generaciones futuras. Y en la que cada individuo tiene la posibilidad de desarrollarse en forma plena y en libertad, dentro de relaciones sociales equilibradas y en armonía con su entorno.

Sobre Medellín…

Que nos diríamos, aquí en Medellín, ante las preguntas sobre ¿quién quiere ser y cómo quiere vivir la ciudad?- Las preguntas sobre la sostenibilidad.

Lo primero es que, en mi caso, empezaría por reconocer el camino de transformación que hemos recorrido, con esa gran capacidad de realizar cambios en corto plazo; y de la misma manera destacaría ese sentido de insatisfacción que nos acompaña, porque somos conscientes, de que a pesar de los grandes avances es claro que aún clamamos por el cambio más profundo de todos, el cambio en el corazón de nuestra ciudad: la cultura.

Una cultura de lo humano que nos permita vivir en mayor armonía con nuestro entorno social, económico, ambiental. Un sentido de equilibrio en todos los ámbitos.

Este es un momento donde las preguntas son válidas porque los procesos de conversación que jalonaron el cambio de Medellín y que atendían preguntas profundas sobre para dónde íbamos, se deben repetir, a la luz de los logros y de las deudas que nos tenemos hoy como ciudadanos.

Sueños como el presentado en el plan estratégico de Medellín y el área metropolitana a 2015 (elaborado en 1995) planteaba “Hacer de Medellín y el Área Metropolitana una ciudad integrada e integradora de la región localizada en la mejor esquina de América. Caracterizada por la competitividad de sus sectores económicos y vinculada a la economía mundial. Ciudad Educadora cohesionada en lo social, responsable de su medio natural y activa culturalmente. Con proyección internacional como ejemplo de una metrópoli que supera sus dificultades a través del diálogo y la cooperación”.

De ese sueño muchos elementos podrán ser valorados de manera positiva, sin duda, pero persisten riesgos que valdría la pena analizar como ciudadanía activa para proyectarnos en el largo plazo.
Haciendo un ejercicio me atreví a preguntarme por los principales riesgos que tenemos en Medellín y que nos alejan de ser esa ciudad- comunidad – sostenible, que nos propusimos, por ejemplo, en el plan estratégico del 95. Y al respecto destaco, a modo de reflexión, los siguientes problemas que persisten en nuestra ciudad:

  • La violencia e irrespeto por la vida y su dignidad.
  • Las brechas sociales, la inequidad y la exclusión.
  • La ilegalidad como contracultura y modo económico
  • La Desconfianza en lo institucional
  • La baja consciencia ciudadana por “el cuidado” de lo social y lo ambiental
  • Los desequilibrios territoriales

Así mismo, siguiendo en la ruta de esta reflexión, cabría preguntarnos por las soluciones que necesitamos para mitigar esos riesgos y, al respecto, yo destacaría las siguientes tareas como esenciales:

  • Desarrollar competencias en lo humano
  • Crear oportunidades de desarrollo en equidad
  • Promover comunidades sostenibles
  • Hacer de la ciudad un entorno seguro
  • Fortalecer la institucionalidad

Y para llevar a cabo esas tareas el uso de tres herramientas:

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Ante la pregunta por Medellín, como comunidad sostenible, sobre ¿Quién quiere ser? Y ¿Cómo quiere vivir?, los ciudadanos, primero que la ciudad, tendremos que reflexionar sobre esas tres estrategias desde el fondo de nuestra experiencia de ciudadanía, de nuestras vivencias y compromisos con la ciudad. Más que aquella en que vivimos, es la que construimos día a día.

Lo anterior considera la necesidad de gobiernos e institucionalidades que garanticen la custodia de lo público e inviten al cuidado colectivo de la ciudad.

Las tres herramientas

Para hacer algunas reflexiones, últimas, sobre esas tres herramientas que he enunciado, empiezo por hablar sobre lo que es un proyecto educativo y cultural de ciudad, donde se trata de trascender la preocupación por la educación desde su perspectiva de cobertura y de calidad para emprender la verdadera conciencia frente a la educación y la cultura como “la llave” para crear proyecto colectivo.
Es decir, la pregunta no es por la educación en sí misma, la pregunta es ¿para que la educación y la cultura? ¿cuál es el proyecto educativo que queremos como ciudad? Cuando nuestros niños, niñas y jóvenes están aprendiendo, ¿cuáles son los aprendizajes que promovemos? ¿cuál es nuestro sistema de valores?-La cooperación, la ética, el cuidado, la paz, la reconciliación, lo humano- Este debería serlo.

En cuanto al desarrollo social, económico y ambiental sostenible, saber que la idea fundamental es la creación de bienestar en esos ámbitos como lo expone el índice de ciudades sostenibles:

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Pero lo más importante es definir las necesidades básicas que tiene la ciudad para trabajar en esas líneas de bienestar, sin dejar de lado la planificación urbana y el manejo de recursos; asuntos claves como la gobernanza, equidad social, justicia, movilidad, estilos de vida, alianzas de ciudad-región y acceso a la información de calidad, entre otros.

Por ejemplo, un asunto preponderante para el desarrollo sostenible de Medellín es el que he señalado como la tercera estrategia fundamental la lucha frontal contra la ilegalidad, que hoy se constituye en la principal fuente de inseguridad y de deterioro socio-cultural de la ciudad. La violencia, la extorsión, el tráfico de drogas, la trata de menores, el comercio sexual y la corrupción; no son problemas que pudiéramos tildar simplemente como de inseguridad; hacen parte de una economía de lo ilegal que hace inviable el futuro de la ciudad; no sólo una economía de micro tráfico sino una cultura del dinero rápido que corrompe los cimientos éticos en lo público y lo privado.

A la lucha contra la ilegalidad que produce muerte, violencia y corrupción se le debe contener con institucionalidad, justicia, cultura de la ley y confianza ciudadana.

Dejo hasta acá esta reflexión sobre la pregunta humana de las ciudades, sobre la manera en que comprendo la sostenibilidad, como una llave hacia el qué y cómo queremos vivir los ciudadanos del mundo, en equilibrio y armonía con nosotros mismos, los otros y el entorno.

Y con todo eso, lo esencial: la revolución cultural de lo humano como la carrera más importante que debemos emprender por el presente y futuro de nuestras ciudades.

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