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Co-creación y compromiso como roles de la innovación

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Las vías de la innovación son múltiples, sin embargo, en tiempos modernos, innovar apunta a mejorar la calidad de la vida de las personas y no necesariamente elevar esa expectativa de vida debería considerarse como un camino hacia una innovación de producto sino también de servicios. Es justo este paradigma el que comienza a romperse cuando los retos de innovación se enmarcan en modelos de contribución y/o colaboración que las hacen tangibles y cercanas a las personas del común.

Baudelaire en su “Pintor de la vida moderna” configuró su gran personaje por excelencia, el Flâneur, un viandante que divaga quizá solo con la misión de “no hacer nada” pero a la vez hacerlo todo. Es una de las figuras representativas más inspiradoras que tiene referentes en los siglos XVI y XVII pero que definitivamente adquiere su mayor grado de representatividad a finales del siglo XIX y principios del XX. Es quizá la antítesis de lo que practicamos hoy pues quizá, es lo que menos podemos hacer como seres humanos, divagar, y es quizá en esa divagación, que en algún momento se convirtió en pérdida de tiempo, en donde radican los grandes posibilidades de sinapsis para el espacio y el tiempo, dos momentos que pocas veces hacemos conscientes en nuestras vidas. Es justo en esto punto en donde se encuentran la innovación y la sociedad porque pareciera que la inminente carrera por innovar solo advirtiera la existencia del universo de la reproducción en serie.

Es así como se hace necesario un llamado a la calma, al des-digitalizarse a luchar contra la infoxicación y a reducir los instrumentos de distracción y procastinación para concentrarnos en lo realmente importante, los detalles y análisis científico de las situaciones que hoy por hoy nos hacen objeto e instrumento de estudio a la vez. Manfred Max Neef, ha reconfigurado las necesidades humanas y las ha puesto al servicio de una serie de categorías ontológicas que nos confrontan como seres humanos y redefinen el discurso de Maslow que estaba en mora de re-significarse bajo un contexto mucho mas amplio. Competencias necesarias en el investigador, emprendedor, científico de hoy, hombres y mujeres que deben luchar por mantener su apetito de vetas de estudio por conquistar y nuevas preguntas por formularse. Quizá ese sea el necesario servicio social de las mentas inquietas de hoy, hacerse mejores preguntas y no tratar de encontrar todas las respuestas.

Esas mejores preguntas, una de las grandes oportunidades para encontrarnos como seres humanos que hemos decidido dar el paso hacia el trabajar por y para una mejor sociedad, una especie de “tratar de cambiar el mundo” a nuestra manera, pero deja de ser la nuestra cuando nos sincronizamos con el otro y entendemos que “…el problema no es la ignorancia sino las ideas preconcebidas” (Hans Rosling, Director del Instituto Karolinska) y justo allí abandonamos el ego de hacerlo solos para entrar en la inminente necesidad de cocrear, colaborar y sumar sobre las ideas de los demás, quizá la mas importante competencia a desarrollar para poder lograr lo mas importante en el mundo de las ideas, la creatividad y la innovación, lograr que los demás tengan compromiso con tu idea de impacto, algunos le llaman engagement aunque cobra mucho mas sentido al traducirlo.

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