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8.5 millones

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Se trata de medir el rezago habitacional y tomar sus datos para plantear un modelo de respuesta suficiente, oportuno, integral, sostenible y sustentable.

Lo que no se puede medir no se puede mejorar.

Así de simple. Y aplica lo mismo para un negocio o un centro de investigación -sin importar el tamaño-, que, para una política pública, un programa de gobierno o los datos que reflejan una realidad.

Los datos son los datos. Duros, contundentes, explícitos y sin ambigüedades.

Los datos no mienten. No hay otros…Son lo que son, y sirven como manifiesto e instrumento de trabajo que permite entender y pretender modificar una realidad.

Una realidad como la que recoge el término Rezago Habitacional, y que ya más por la fuerza de la costumbre que por la voz de los datos, llevaba varios años ubicada, sin mayor profundidad, en el orden de 9 millones de viviendas.

De ahí la importancia de que apenas la semana pasada, la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi) publicara la Actualización del Rezago Habitacional, reflejando ya, los datos del reciente Censo de Población y Vivienda 2020, que realizó el INEGI.

Y es que no basta con la importancia del nuevo dato que nos dice que el rezago se ubica en 8.5 millones de viviendas. Aunque claro que el dato es muy relevante.

Porque ese dato refleja la realidad en que viven millones de mexicanos, no solo los que en forma directa representan ese rezago, sino, también, quienes viven en las comunidades, ciudades, barrios y regiones, que enfrentan algún tipo de déficit de vivienda.

Lo que vale del estudio publicado por la Conavi es la radiografía que hace al dato duro de un rezago habitacional de 8.5 millones de viviendas.

Lo ubica… Lo desmenuza… Nos habla de sus ubicaciones geográficas, de la naturaleza de las comunidades, del abasto de servicios y de las realidades culturales, sociales y económicas de quienes lo padecen, brindando con ellos elementos de juicio que permiten no solo entender la cifra, sino, lo que es más importante, entender también la posibilidad de hacerle frente.

El rezago considera el número de viviendas que debemos considerar inadecuadas porque cuentan con materiales precarios en pisos, techos y muros; no cuentan con excusado o suficiencia de servicios básicos, o provocan hacinamiento.

Empecé diciendo que lo que no se puede medir no se puede mejorar… Y es así que la actualización y el detalle de los datos del rezago habitacional entregan elementos que permiten definir ajustes a las políticas públicas y a los planes de trabajo de quienes desde el sector privado forman parte de las cadenas de valor relacionadas con la atención al reto habitacional.

Los datos son oportunidades.

Del nuevo dato destaca que el rezago pasó de 9.4 millones de viviendas en el año 2018, a 8.5 millones de viviendas en el 2020.

Avance a destacar, pero que no quita el hecho de que el rezago sigue afectando a más de 33 millones de mexicanos y que ese rezago se agudiza en el sur del país, con entidades como Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Guerrero, en que más de 50 % del parque habitacional se encuentra en esta condición.

El dato es fundamental como parte de la política de Vivienda porque permite medir el impacto de lo que se está haciendo, y reconocer que, pese a ello, una de cada cuatro viviendas del país está en condición de rezago, detallando aspectos como las regiones en que los retos de vivienda se agudizan.

Pero ojo, que el dato del rezago se refiere al parque habitacional existente y detalla que en 83.7 % de los casos la respuesta va ligada a acciones de ampliación o mejora, esta última en muchos casos ligada también al abasto de infraestructuras y servicios básicos.

Toca a cada uno profundizar en el análisis para incorporar a estas cifras factores como la necesidad de nuevas viviendas o las segmentaciones necesarias para generar respuestas eficientes, adecuadas, suficientes y oportunas ya no solo al rezago, sino al conjunto del reto habitacional.

Respuestas que además tendrán que ser con horizontes de largo plazo para evitar quedarse solo en el análisis de la atención a los rezagos históricos, y poder, por el contrario, hacer los ajustes que permitan modelar una Política de Vivienda que dé respuesta a las necesidades actuales y futuras de todos los mexicanos, y sea capaz de hacerlo en forma que garantice la protección del medio ambiente y el fortalecimiento de cada zona urbana y región del país.

Se trata de medir el rezago habitacional y tomar sus datos para plantear un modelo de respuesta suficiente, oportuno, integral, sostenible y sustentable.

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