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Aprovechemos que el cambio en la movilidad llegó para quedarse

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El COVID-19 modificó radicalmente la forma de trasladarnos. El vuelco que provocó en la cotidianidad de las personas nos llevó asumir como sociedad desde una perspectiva diferente las alternativas de movilidad. En este contexto, los medios alternativos e individuales de transporte han sido protagonistas a la hora de querer movilizarnos durante la pandemia.

La restructuración del área pública debe estar articulada entre los ciudadanos y los políticos, para que las intervenciones urbanas se diseñen equilibradamente y la comunidad pueda proporcionar lo que realmente es necesario y urgente, logrando fortalecer el rol del Estado como elemento clave para la recuperación. Este tipo de injerencia es denominado co-creación, una estrategia que redunda en la generación de actividades conjuntas entre las autoridades locales y los habitantes.

Las intervenciones urbanas lideradas por ciudadanos son, por lo tanto, un contrapeso a esta tendencia de privatizar los espacios públicos. Estas participaciones fomentan un enfoque (pensado por y para la gente) en la planificación y el diseño urbano “de abajo hacia arriba”, en donde la comunidad se involucra en el desarrollo de proyectos técnicos y en el proceso de implementación, así como en la gestión y programación de los espacios públicos, para luego realizar un trabajo colaborativo con la administración.

Muchas ciudades se han ocupado de la ingeniería, la eficiencia y las autopistas, logrando que los carros vayan más rápido de un lugar a otro, pero se han olvidado de las personas. Es menester que las urbes brinden a los ciudadanos la posibilidad de residir cerca de sus lugares de trabajo, y de esta manera poder usar medios alternativos de transporte más amigables con el medio ambiente como los monopatines, o inclusive trabajar haciendo uso de las TIC’s.

Las administraciones locales se empeñan por estructurar modelos para el desarrollo de proyectos de transformación urbana en la ciudad, incentivar el crecimiento económico y social de las urbes a través de la construcción de ciudades sostenibles en el largo plazo, todo esto articulado con los Planes de Ordenamiento Territorial y los Planes de Desarrollo.

Sin embargo, se necesita un desarrollo urbano ordenado y con sentido social que le cambie la cara no solo al territorio sino a sus habitantes, donde se propicien procesos de inclusión social y acciones pensadas para los ciudadanos de todas las edades, donde se facilite: “la interacción de los habitantes con la ciudad y el disfrute del espacio público mediante la consolidación de sistemas de movilidad que contribuyan a la calidad de vida de los ciudadanos, así como generar acciones que promuevan la integración de todos los actores de la movilidad” (CONPES, 2020).

Sería deseable que las ciudades post pandemia sean más humanas, más igualitarias y seguras. La crisis trajo consigo, evitar el uso del transporte público, y acelerar el empleo de la movilidad individual sostenible; por ello, la regulación para los modos alternos de transporte como la patineta, el diseño vial o la destinación de calles existentes, se tiene que dar ahora, y aprovechar que el cambio en la movilidad llegó para quedarse.

Es notorio, que la demanda del transporte público se está viendo afectada por el miedo al contagio, los cambios modales, el teletrabajo, la desaceleración económica y la concentración de pasajeros, lo cual producirá una tendencia a la baja en el servicio. A su vez, los costos del transporte público se verán incrementados por las medidas de sanitización, el control de la densidad y la reducción de la demanda, motivando un alza en el costo del servicio.

En este contexto, es posible que el desbalance financiero de los sistemas de transporte en el mundo ayude a repensar la manera cómo se diseñan las ciudades, en cómo se movilizan las personas, incentive cambios modales sustentables (promoviendo el uso de transporte alterno y los modos activos), se restrinja el espacio para el automóvil (angostando las calles y redistribuyendo el espacio vial para otros fines).

Se debe pensar en que, el distanciamiento social y la disminución de la capacidad en el transporte público, son oportunidades para aprovechar los modos alternativos de transporte y la tecnología, para volver a la calle y movilizarse con cuidado; de ahí la necesidad de aplicar metodologías enfocadas en la micromovilidad.

Por lo anteiror, el mundo entero, en cabeza de los Estados, se encuentran frente a una gran oportunidad para hacer cambios significativos ahora mismo y todo está dado para obtener transformaciones positivas.

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