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Así funciona el método epidemiológico para combatir la criminalidad urbana

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El médico y exalcalde de la ciudad colombiana de Cali, Rodrigo Guerrero, buscó soluciones a la violencia urbana a partir de la teoría médica. Aquí, algunas de sus reflexiones y experiencias, en un tema vital para las ciudades latinoamericanas.

Rodrigo Guerrero, médico y exalcalde de la ciudad colombiana de Cali
Rodrigo Guerrero, médico y exalcalde de la ciudad colombiana de Cali

Si Latinoamérica es la región del mundo con  las tasas más altas de homicidio, la lucha contra la criminalidad ha de ser, entonces, el primer reto de los gobiernos locales, regionales y nacionales.

Aunque, como lo reconoce el médico epidemiólogo Rodrigo Guerrero –luego de su doble experiencia como alcalde de la ciudad colombiana de Cali y hoy como consultor de la Organización Panamericana de la Salud en temas de combate a la violencia urbana–, no es tan fácil que los alcaldes asuman con determinación semejante desafío.

En muchos casos no se atreven simplemente por no saber cómo enfrentar con presupuestos lánguidos el accionar de estructuras criminales con poder internacional y con recursos ilimitados.

Y, en otras ocasiones, afirma el médico Guerrero, hay alcaldes que emprenden el camino de tomar decisiones equivocadas a partir de considerar que “a más muertos, se necesitan más policías”, o que la violencia es un problema genético. Equivocaciones que terminan por conducir a ninguna parte.

Lo recomendable es que ante un fenómeno tan complejo como la violencia, “que es socialmente regresiva, porque afecta principalmente a los más pobres”, la autoridad municipal no se pasme por temor o por incompetencia.

Por el contrario, que se esmere por entender en qué consiste el método epidemiológico “que hoy ya se aplica en muchas partes, que está demostrando que funciona y que sirve para controlar el flagelo de la criminalidad”, como lo afirma el ex alcalde Guerrero, quien, por el alcance social de sus ejecutorias y por aplicar evidencias científicas para generar impactos positivos en la salud humana, ganó hace dos años el Premio Ruox, otorgado por el Instituto para la Medición y Evaluación de la Salud (Ihme) de la Universidad de Washington.

“Un método tan viejo como la humanidad”

El periodo 1992-1994 de su primera alcaldía coincide con el desborde de la criminalidad narcotraficante en Colombia y con el más extremo desprecio por el derecho a la vida.

Ambas adversidades se expresaban en situaciones que Guerrero pone sobre la mesa cada que es invitado a charlas, conferencias y talleres: “Cierto día me dijeron: alcalde, este fin de semana tuvimos una cifra alta de siete muertos, pero no se preocupe doctor que de ellos cinco son RR. ¿RR, eso qué es?, pregunté yo. Y me respondieron: rata reconocida”. Dedujo entonces que esas muertes no eran asumidas como homicidios, sino simple y despectivamente como RR. O sea, sí lo mataron pero no vale la pena.

Otro caso que cita para ilustrar el enraizamiento del problema de la violencia lo protagonizó alguien que a la pregunta “¿Aprueba usted mandar a matar a quien violó a su hija?”, respondió al encuestador: “No señor, yo no lo mando a matar, yo lo mato personalmente”.

Como lo de Guerrero es la medicina en relación con la epidemiología, o sea con el análisis de los hechos en pro de soluciones, decidió por aquella época echar mano de “un método tan viejo como la humanidad”, descubierto por los griegos, “y que básicamente dice: defina el problema”. También se apoyó en una frase de san Agustín: “define y no discutiréis”.

La definición clara del problema, la adopción de una metodología que se aplicaría de manera persistente y la identificación de los factores de riesgo –entre ellos, el principal, la desigualdad y la pobreza extrema, como también el alto consumo de alcohol entre jóvenes y adultos y el porte indiscriminado de armas por parte de la población civil–, le permitieron a su administración, en primer lugar, establecer que la ciudad estaba en medio de una “enfermedad social crónica” extendida como una epidemia. De inmediato, Cali pasó a la unidad de cuidados intensivos

Compromiso político e intervenciones múltiples

En segundo lugar, quedó claro que se necesitaba “compromiso político de largo aliento y tomar medidas que no son fáciles”, porque generan impopularidad y a eso le temen mucho los alcaldes. A tales determinaciones él no les temía, dice.

Tercero, intervenciones múltiples para atacar los factores de riesgo: fortalecimiento de la policía, fortalecimiento de la justicia, generación de desarrollo económico y despliegue de un amplio programa para contrarrestar los factores de riesgo en el aspecto cultural.

Cuarto, garantizarle a la ciudadanía una atención oportuna y eficiente, “y por eso hicimos algo que resultó muy interesante y fue crear la Casa de Justicia con un funcionamiento parecido al de un centro de salud, para que durante las 24 horas del día y los siete días de la semana, la gente que lo necesitara fuera atendida en asuntos de policía, justicia, medicina legal y orientación sobre sus derechos y deberes”.

Guerrero se muestra satisfecho porque el modelo de Casa de Justicia “tuvo un impacto muy importante, sobre todo en el tema de violencia contra la mujer” y porque “esta estrategia local se convirtió en una estrategia nacional, y hoy son más de 80 Casas de Justicia funcionando en diferentes lugares de Colombia”.

Y, hay un cuarto punto, que si no se lleva a la práctica pone en riesgo de fracaso todo el proceso: evaluar periódicamente la marcha del proceso y los resultados.

Hoy al médico Guerrero se le reconoce haber contribuido durante los últimos 20 años a la recolección de datos y al análisis científico del fenómeno de la violencia en Cali, lo mismo que haber coadyuvado a reducir los homicidios en un 33 %.

Conclusiones al final del proceso

En el balance de resultados al final del proceso epidemiológico –resultados que el médico Rodrigo Guerrero espera que sigan siendo el aliento para motivar la labor de los alcaldes en cualquier ciudad latinoamericana afectada por el fenómeno de la violencia urbana–,  figura como los más destacados:

  • Que la violencia es prevenible.
  • Que cuando un alcalde la controla, libera recursos que sirven para controlar la pobreza y la desigualdad, “porque no es la pobreza sino la desigualdad la que genera violencia”.
  • Que “las bandas criminales no son pandillitas” y por eso “la estrategia es luchar contra el hormiguero y no contra las hormigas, como se venía haciendo en el pasado”. En su concepto, “los buenos resultados de esta lucha contra la criminalidad organizada lleva a que se reduzca significativamente la violencia criminal urbana”.
  • Que en la mayoría de casos no se requiere más pie de fuerza, sino “un cuerpo de policía de muy alta calidad con equipamiento ideal”.
  • Que, a la vez que se necesitan videocamáras y demás tecnología nuevas, “factor muy importante de disuasión y útil para la judicialización”, otra urgencia es intervenir el espacio público. Sobre este particular afirma: “La vivienda de interés social es muy pequeña, escasamente para cumplir las funciones de comer y dormir. Y la capacidad de interacción entre los miembros de la familia o con los vecinos está perdida. Tiene que hacerse en el espacio público. Y el espacio público es generalmente un parque que, además de mal dotado, por las noches es oscuro, propiciándose así el consumo de drogas y la comisión de delitos. Por eso, luego de iluminarlos con luz blanca, luz día, y proveerlos de nuevas dotaciones, sus condiciones y ambientes cambiaron radicalmente en toda la ciudad”.

Un desafío pendiente

El médico Rodrigo Guerrero sabe que durante mucho tiempo más la ciudad de Cali deberá mantener como desafío prioritario el combate a la criminalidad, sin que ello dependa de la administración local que rija los destinos.

Por eso lamenta la interrupción que sufrió el tratamiento epidemiológico en el lapso comprendido entre 1994 cuando dejó el cargo y 2012 cuando retornó a la alcaldía, para un periodo de 4 años.

Tal vez erróneamente se creyó que él, por su formación en epidemiología, momentáneamente se había encontrado un tesoro, cuando en realidad, según dice apoyándose en el ‘Discurso del método’, lo que estaba dejando era “un método para encontrar tesoros”.

Otro hecho que hoy lamenta y que debe llamar a la reflexión, es que si “entre mi primera alcaldía y hoy se ha operado un cambio muy importante en la policía, se ha desarrollado la estrategia por cuadrantes, se ha hecho mejoras importantísimas en la capacidad de intercepción y de inteligencia, o sea que en definitiva la policía cambió, no puedo decir lo mismo con tanto entusiasmo de la justicia, aunque en algo ha mejorado”.

Y, para combatir los factores de riesgo culturales que generan violencia, hace hincapié en la formación integral de la niñez y de la juventud, a las que se les debe mantener por fuera de toda consideración que avale el castigo físico, “porque está absolutamente demostrado que lesiona o impide el desarrollo del lóbulo frontal, que es el que nos hace diferentes de nuestros parientes más cercanos, los primates. Ahí es donde está nuestra capacidad de juicio, de empatía, de altruismo. Todas las virtudes humanas están allí. Eso es lo que el castigo físico termina por afectar en la persona”.

Afectación que la hace propensa a la violencia.

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