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Así podrían ser las plazas de mercado o abastos en Latinoamérica luego del COVID-19

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Desde Lima, surgen ideas renovadoras para estos espacios que son vitales en muchos barrios de las ciudades latinoamericanas y que, por sus dinámicas, han sido focos de contagio del coronavirus.

Gracias al aislamiento obligatorio que fue ordenado desde el 15 de marzo, los mercados de abastos son los únicos a los que se permite acudir a los ciudadanos y ello ha generado la transmisión del COVID-19. Mercado en Cuzco. Foto: Byelikova Oksana – Shutterstock.com

Era el martes 14 de abril y el alcalde de Medellín, la segunda ciudad de Colombia ordenaba en cierre de la Plaza Minorista, un mercado de abastos de segundo nivel que acoge a unos 10 000 comerciantes y es centro de distribución de alimentos y abarrotes: con 15 casos detectados en ese momento, la plaza llegó a concentrar hasta el 22 % de los contagiados por COVID-19 de esta ciudad.

Y ello ha ocurrido también en Lima -caso del mercado de San Martín de Porras con 160 comerciantes-, donde estas pequeñas centrales de abastos de menor tamaño, pero no de menor importancia para la vida de las comunidades y que han crecido orgánicamente en los barrios informales de la capital peruana; también han sido foco de transmisión del virus debido a las distintas prácticas, no siempre muy rigurosas que estimulan la interacción entre ciudadanos.

De allí que este fuera el tema de conversación de #ChelasUrbanas, espacio virtual de reflexión sobre las ciudades creado por Nodal (Nodos Urbanos de América Latina) y con el apoyo de organizaciones como Lima Cómo Vamos, Ocupa Tu Calle, Impostergable, entre otras organizaciones de carácter ciudadano.

En su última versión contó con dos investigadores de Grade, Grupo de Análisis para el Desarrollo. Fueron ellos Ricardo Fort y Álvaro Espinoza. El primero doctor en Desarrollo Económico y Magister en Economía Agrícola y Aplicada; el segundo Economista y Magister en Ciencias Políticas con quien dialogó LA Network para conocer las ideas y propuestas surgidas de este diálogo sobre las plazas de mercados o de abastos en tiempos de coronavirus.

“En Lima estos mercados de abasto surgieron orgánicamente en los barrios informales y así se han consolidado, tanto que en Lima son el 70 % del sistema de distribución, los supermercados ocupan solo el 30 %”, dice Espinoza quien es experto en planeación rural y urbana y que han realizado estudios sobre este componente esencial de la vida de las comunidades en estos sectores limeños.

Recuerda el investigador que gracias al aislamiento obligatorio que fue ordenado desde el 15 de marzo, los mercados de abastos son los únicos a los que se permite acudir a los ciudadanos y ello ha generado la transmisión del COVID-19, pero lo que a su vez se ha convertido en una “ventana de oportunidad” de ideas que pueden ser aplicadas en otros mercados o plazas de las ciudades latinoamericanas.

La primera de ellas es la compra conjunta. Para Espinoza, si una plaza tiene 100 comerciantes que viaja individualmente a una central mayorista en la que adquiere los productos que va a vender, esa dinámica implica un riesgo bastante grande desde el punto de vista sanitario y una gran desventaja en términos de huella ecológica y ganancia económica.

“Si ellos se organizan y determinan dos delegados que compren todo lo que necesitan los restantes, no solo reducen los contagios, sino que pueden tener una posición de ventaja para negociar precios y además se reducen los desplazamientos, lo que resulta de impacto en la reducción de la huella de estas actividades, menos gasto de combustibles. Es algo de sentido común pero que no existe y son comportamientos que afectan la epidemia, el precio y el servicio”, explicó.

Adicionalmente, los investigadores proponen que cada plaza cree un servicio virtual en el que, a través de aplicaciones como WhatsApp, los ciudadanos realicen sus pedidos a los comerciantes, quienes tendrían listas sus bolsas para que el cliente solamente deba ir a la plaza a recogerlas, disminuyendo así las interacciones entre comerciantes y compradores y entre compradores mismos.

Espinoza enfatizó en que, por su origen informal, las plazas y mercados de abastos no siempre cuentan con la infraestructura ideal, los mejores servicios, “han estado descuidadas”, lo que en este momento de crisis resulta en potenciales riesgos.
Así que la interacción con los clientes a través de medios virtuales dice, se puede escalar con la creación de un servicio de entregas a domicilio atendido por terceros o por los mismos comerciantes en el que los ciudadanos no deban dirigirse a la plaza o mercado.

Por último, explicó el experto en planeación rural y urbana, en su papel de centralidad de la vida de la comunidad, es el momento ideal para intervenirlas y generar con ellas o junto a ellas, otro tipo de servicios complementarios a las necesidad actuales de la comunidad, sugerencia que también hiciera el Banco Interamericano de Desarrollo – BID, para la atención de la pandemia en los asentamientos o barrios informales de Latinoamérica: estos puntos pueden ser también nodos de atención primaria de salud en los que las redes de monitoreo sanitario desplieguen por ejemplo las estrategias de información y prevención.

“Entonces estas propuestas pueden mejorar mucho los esquemas de las plazas de mercado y son pequeñas cosas que, en realidad, si las sumas, pueden tener un impacto muy grande tanto en la economía como en el comportamiento y la salud de las ciudades”, concluyó Espinoza.

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