Caracas es una de las pocas capitales que insiste en darle la espalda a su principal cuerpo de agua, el Río Guaire es el pasivo más visible de nuestra ciudad, el que más se siente. Es motivo de vergüenza para los caraqueños por como se ve, por como huele y cómo nos hace la vida más difícil cada día que llueve copiosamente.

De ser un lugar de encuentro para los cantos y chismes de las lavanderas de toda la ciudad durante buena parte del Siglo XIX, transitó por múltiples momentos hasta terminar como un “Río Olvidado”. Su “resurgimiento” ante la opinión pública tuvo lugar en agosto del año 2005, cuando el presidente Hugo Chávez en una alocución pública y en cadena nacional de Radio y Televisión y con la presencia del, para ese momento, expresidente de Nicaragua, expresó lo siguiente: “Daniel Ortega, te invito que nos bañemos en El Guaire el próximo año”.

Algunos lectores de mi anterior columna en LA.Network me comentaron que no debía politizar el hecho urbano y el derecho a la ciudad, aprovecho la oportunidad para recordar que el ejercicio de la ciudadanía y el disfrute de ella en el contexto urbano es un hecho absolutamente político. Que otros hagan politiquería con ese tema, es un asunto distinto.

Prosigo; desde aquella fecha y hasta el día de hoy, lo único que ha ocurrido es que el Río Guaire sigue su curso sin ninguna intervención que se traduzca en cambios sustanciales. La tarde de este miércoles 2 de noviembre tuvo lugar un nuevo episodio de desbordamiento de su cauce producto de una copiosa lluvia, de esas tan habituales del trópico; diferentes puntos de la ciudad fueron anegados por sus malolientes aguas.

Lamentablemente las múltiples iniciativas desarrolladas para intervenir el río y transformarlo en un espacio de oportunidades para Caracas, han sido obstaculizadas desde hace años. El Instituto Metropolitano de Urbanismo de la Alcaldía Metropolitana, ha presentado propuestas que conciben al río como el punto de partida para la reinvención de la columna vertebral de la ciudad. Lamentablemente han sido negadas solo por el hecho de ser promovidas por una institución que no está en manos de la revolución.

Ver esa gigantesca masa de agua de color ocre que se apodera de calles y avenidas y que hace que miles de personas pierdan su patrimonio una y otra vez cada vez que llueve, es una situación que raya en lo absurdo y lo ridículo.

Ciudades como Medellín, Lima, Seúl, Santiago, Paris y Bogotá, se están reencontrando con sus cuerpos de agua, convirtiéndolos en protagonistas de la ciudad e incorporándolos a sus sistemas de atractivos turísticos, movilidad y parques públicos. Hoy los “ríos urbanos” son parte de la solución, dejaron de ser fardos incomprendidos.

Parte del dilema que vivimos los ciudadanos venezolanos es la obcecada manía de un gobierno central que hace de la innovación un crimen, que convierte la diferencia en delito y que encarcela (literalmente) el deseo de las mayorías de tener ciudades más amigables para todos.

Por fortuna en Venezuela vivimos tiempos de transición, son muy dolorosos, injustamente inhumanos, pero definitivamente pasajeros. Esta transición nos brindará innumerables oportunidades, nos abrirá las puertas a un proceso de reconstrucción nacional ya inevitable. Tendremos que apurar el paso para alcanzar un necesario punto de equilibrio que tardará un buen tiempo, para posteriormente dar inicio a una nueva etapa de crecimiento y desarrollo para nuestras ciudades.

Diego Scharifker

Concejal del Municipio Chacao

@DiegoScharifker