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Galápagos entre la conservación natural y la amenaza de los vehículos

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Alerta por este Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera que en toda la provincia ya tendría 10.000 o más vehículos.

Galápagos entre la conservación natural y la amenaza de los vehículos
Esta es la situación de una población cercana a las 20.000 personas, alejada del continente pero que vive los mismos problemas de una urbe intermedia en cualquiera de los países de Latinoamérica.

Las islas Galápagos, famosas en la historia y en el mundo por ser el ‘laboratorio viviente’ de Charles Darwin y su Teoría de la Evolución con sus idílicas imágenes de tortugas y tiburones reinando seguras en el mar o de leones marinos plácidos en las playas; hoy están ante una amenaza del modelo continental: los vehículos que según Antonio Franco, profesor titular de la Escuela Politécnica Nacional de Ecuador, ya podrían superar los 10.000 en los centros urbanos principales como los de las Islas Santa Cruz y San Cristóbal.

Así lo afirma luego de realizar una investigación de siete años –entre 2010 y 2017-, como parte de su Doctorado en Administración, el que se basó en el enfoque de consumo sustentable, en este caso tomando a la movilidad como producto.

Dentro de las conclusiones de su trabajo estableció que, pese a las constantes medidas restrictivas del gobierno ecuatoriano, la falta de decisiones eficaces como el establecimiento del servicio de transporte público en la isla de Santa Cruz, por ejemplo; han estimulado la constante entrada de vehículos y motos que ya empiezan a impactar ambientalmente.

Aunque en Puerto Ayola (Santa Cruz) por ejemplo, el uso de la bicicleta es habitual y estudios indican que para el año 2016 el 85 % de las personas tenía una bicicleta y también son frecuentes los viajes a pie; las zonas más alejadas, las rurales, se sienten desatendidas por el transporte existente (taxis-camionetas y algunas chivas –cuatro en 2016-) han estimulado el ingreso de las motos y carros privados, antes solo permitidos para investigación científica, para la agricultura o para reemplazar los ya existentes.

“La gente está molesta.  Les quitan opciones (la restricción) pero no les proponen otras. La gente acá tiene más conciencia ambiental que en cualquier otra parte por ser una región tan diversa naturalmente; pero tiene molestia contra lo público porque son los que gestionan entre las necesidades y los requerimientos, son el puente y no proponen alternativas como el transporte público, por ejemplo”, dice Franco.

Galápagos entre la conservación natural y la amenaza de los vehículos
Antonio Franco, profesor titular de la Escuela Politécnica Nacional de Ecuador.

Y no le falta razón. En 2016 el artículo ‘¿Una trayectoria hacia la insustentabilidad? La movilidad terrestre en la isla Santa Cruz, Galápagos’, publicado por la Revista Transporte y Territorio del Programa Transporte y Territorio, (Instituto de Geografía de la Universidad de Buenos Aires), señalaba que hasta el año 2015 la isla Santa Cruz mostraba diversos rasgos que le hacían seguir el camino de la insostenibilidad en movilidad.

“El número de vehículos motorizados terrestres se incrementó en un 7,7 % anual desde 1998, ilustrando que tal normativa no tuvo el efecto esperado. Se pasó de un taxi-camioneta por cada 350 habitantes en 1990 (cuando había 15 taxis en la isla), a un taxi por cada 50 habitantes en 2006, cifra que algo se estabilizó con controles posteriores”, indicaron sus autores los profesores Nicolás Cuvi y David Guijarro.

Los académicos señalaron en ese momento, que hay un monopolio de los taxis-camioneta que han impedido la entrada de un sistema de buses urbanos que podría conllevar a una reducción de vehículos que ya impactaban negativamente: atropellamiento de aves, generación de residuos sólidos que no se reciclan, emisión de contaminantes, residuos de combustibles fósiles; entre otros.

Además, otros habitantes han resuelto sus necesidades con motos, cerca de 1.000 era el censo de 2015, y que entran a la isla de una manera ilegal: se compran en el continente, desarmadas y enviadas a las islas como repuestos para las ya existentes.

Sin embargo, para Carlos Cadena Gaitán, director del Foro Mundial de la Bicicleta 2015, el FMB4 de Medellín, y además como experto en movilidad sostenible, es destacado que la isla Santa Cruz cuente con una infraestructura para el uso de la bicicleta.

“Es importante ver que las islas promuevan más estilos de vida sustentables”, explicó el experto al referirse a los poco más de 20 kilómetros de ciclovía que discurren paralelos a la vía central que cruza la isla y que tiene cerca de 40 kilómetros de longitud.

Destacó esta infraestructura como un eficaz y eficiente modo de movilizarse y de promover un turismo sostenible.

Pese a que esta infraestructura fue construida hace poco con las obras de restauración de la vía principal (en 2017), para Antonio Franco  la bicicletas cumplen un papel complementario a un hipotético sistema de transporte público, deuda que para el investigador, lleva más de 20 años y que además genera reproches frente al uso de numerosos vehículos por parte de los funcionarios del gobierno y que deberían –según los habitantes-, contribuir con la movilidad sostenible de una isla que podría estar recibiendo hoy hasta 300.000 visitantes anuales.

Esta es la situación de una población cercana  a las 20.000 personas, alejada del continente pero que vive los mismos problemas de una urbe intermedia en cualquiera de los países de Latinoamérica, pero con la misión de preservar al máximo este tesoro que Cadena llama un “ecosistema único y prístino”, que ve cómo la falta de voluntad política no permite incorporar las positivas soluciones de movilidad sostenible existente que preservarían mas eficientemente a este paraíso natural con problemas de urbe.

“La movilidad terrestre en Santa Cruz ha sido y continúa siendo sustentable, dado que predominan estrategias como caminar y usar bicicleta, especialmente en Puerto Ayora. Sin embargo, se aprecia una trayectoria hacia la insustentabilidad en el aumento de vehículos motorizados particulares como motocicletas, automóviles y camionetas, y en el hábito creciente de preferirlos para desplazarse, por la distinción que otorgan y la posibilidad que dan de vivir más lejos del lugar de trabajo. También los transportes masivos muestran severas deficiencias. Hay desregulación e incumplimiento de normas, y el aumento de vehículos particulares genera congestión, polución, muerte de animales en las vías, entre otros problemas”, advertían en 2015 los investigadores Cuvi y Guijarro.

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