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'Hacia una Gestión Cultural Inédita y de Mayor Proximidad'

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“Hacia una Gestión Cultural Inédita y de Mayor Proximidad”

“Hacia una Gestión Cultural Inédita y de Mayor Proximidad”

Autora: Victoria Contreras Peña1 · @Culturosa_

■ Introducción

Este ensayo se inscribe en el 1er. Foro “Pensar la Gestión Cultural en Tiempos de Crisis”de la Cátedra Inés Amor en Gestión Cultural de Cultura UNAM, celebrado en formato virtual del 4 al 7 de mayo de 2020. Tiene el propósito general de plantear al lector la impostergable necesidad de renovar la concepción, toma decisiones y ámbitos de actuación de la gestión cultural. Si bien la crisis de la gestión cultural no es nueva, si se ha  agravado con la pandemia global Covid19 y ha develado una paradoja: por un lado“el confinamiento global ha hecho más evidente el valor del arte y la cultura en nuestra cotidianiedad2”, y se ha integrado a los espacios más íntimos de las personas -sus casas- a través de sus dispositivos digitales.

Por otro lado, ha expuesto las condiciones generales del ecosistema cultural, evidenciando la frágil sostenibilidad de sus agentes y actores culturales debido a la falta de acceso a sus derechos económicos y laborales; precariedad e ingresos inestables; mínima o nula seguridad humana y de género; así como una actuación débil en su agencia activa3, etc. Frente a esta paradoja, este ensayo propone reflexionar sobre cómo hacer una gestión cultural inédita en sus soluciones y de mayor proximidad entre sus agentes y comunidades. El ensayo está dividido en tres secciones, una que introduce al lector al problema de La insostenibilidad de los agentes y actores culturales; una segunda parte sobre La agencia activa de la sociedad civil cultural organizada; y finalmente reflexiones sobre porque hacer una Gestión Cultural inédita y de mayor proximidad como alternativa a la frágil sostenibilidad de los agentes y actores culturales.

La profesión de la gestión cultural y su ecosistema debe plantearse en la co-creación de mejores escenarios de actuación, siempre críticos, para conectar de formas novedosas con las audiencias y apelar a la libre participación en la vida cultural.

 

■  Insostenibilidad de los actores y agentes culturales

 

A finales de marzo de 2020, un gran número de países del mundo nos encontrábamos en confinamiento debido a la pandemia covid19. Uno de los fenómenos que me causan mayor asombro es la paradoja que vive el ecosistema cultural: la puesta en valor del arte y la cultura en nuestra cotidianiedad y espacios íntimos, y la situación de insostentabilidad del sector.

Para abordar el tema de la insostenibilidad de los actores y agentes culturales voy a referirme a las capacidades instaladas de los profesionales de la gestión cultural en entornos donde el gasto público y la inversión en cultura son bajos, además donde su acceso a derechos básicos es mínimo y sus ingresos son precarios, así como la poca o nula colaboración con el sector privado. La combinación de los elementos mencionados ponen en reto constante a los actores y agentes que trabajan en este sector, y la actual pandemia Covid19 ha hecho evidente que su sustentabilidad es bastante frágil.

La fragilidad de la gestión cultural en términos de sustentabilidad no es un fenómeno nuevo, en 1999 se publicó el informe “In from the Margins”, un documento coordinado por la Fundación Interarts (Barcelona) por encargo del Consejo de Europa, para contribuir al debate de la Comisión Mundial para la Cultura y el Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el que debía ser un complemento al informe “Nuestra Diversidad Creativa”. De los márgenes al centro fue la idea principal para ilustrar la posición marginal de la política cultural por parte de los centros de poder. El catalán Eduard Delgado i Clavera, coordinador de “In from the Marginsy un referente que ha dejado un gran legado a la profesión de la gestión cultural, reconoció que no sólo las políticas culturales eran marginales, también los artistas y gestores. Desde entonces y hasta la fecha han pasado veintiún años, y si bien ha habido esfuerzos notorios sobre la formación en gestión cultural así como en plano de la acción cultural vinculada al desarrollo, si hay una debilidad relevante, salvo pocas excepciones, la mayoría de los programas de formación no han privilegiado el estudio de técnicas administrativas ni financieras, ni cómo fomentar relaciones con grupos de interés empresariales, o como usar la tecnología para construir narrativas globales a favor de la cultura. El impacto acumulado de esas debilidades repercute directamente sobre la sustentabilidad de la gestión cultural.

Aunque la buena noticia es que siempre una debilidad se puede transformar en oportunidad de mejora. En 2012, la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (AECID) y la Fundación Interarts publicaron el informe “Acceso de los jóvenes a la cultura en Iberoamérica: tendencias, obstáculos y experiencias”, el cual analizó entre otras las condiciones laborales de jóvenes gestores culturales (menores de 39 años) de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, España, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Una de las principales conclusiones dice que un porcentaje alto de jóvenes que escogieron de trabajar de manera formal o informal en la gestión cultural (entes públicos, privados, o emprendimientos) tenían ingresos precarios, falta de seguridad social, y el tiempo de vida de sus emprendimientos era de dos o tres años máximo.

En el año 1982 se celebró en Guadalajara, México, la “Conferencia Mundial de Políticas Culturales” convocada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En dicha conferencia se estableció la definición de cultura para el sistema internacional (que impera actualmente) y se integró en su nomenclatura a la gestión de las actividades culturales, y sugería que la sociedad debería realizar un esfuerzo importante dirigido a planificar, administrar y financiar las actividades culturales. Sin embargo, desde entonces uno de los puntos débiles ha sido la insostenibilidad del sector, y a esto se refiere claramente el documento de UNESCO:“Cultura y condiciones laborales de los artistas.

Aplicar la recomendación de 1980 relativa a la condición del artista”(2019):

• Reconociendo que todo artista tiene derecho a gozar efectivamente de la seguridad y los seguros sociales previstos en los textos fundamentales, las declaraciones, el Pacto y la Recomendación antes mencionados,

• Considerando que el artista desempeña un papel importante en la vida y la evolución de las sociedades y que debería tener la posibilidad de contribuir a su desarrollo y de ejercer sus responsabilidades en igualdad de condiciones con todos los demás ciudadanos, preservando al mismo tiempo su inspiración creadora y su libertad de expresión,

• Reconociendo además que la evolución cultural, tecnológica, económica, social y política de la sociedad influye en la condición del artista y que, en consecuencia, es necesario proceder a una revisión de su condición que tenga en cuenta el progreso social en el mundo,

• Afirmando el derecho del artista a ser considerado, si lo desea, como un trabajador cultural y a gozar en consecuencia de todas las ventajas jurídicas, sociales y económicas correspondientes a esa condición de trabajador, teniendo en cuenta las particularidades que entrañe su condición de artista,

• Afirmando por otra parte la necesidad de mejorar las condiciones de trabajo y de seguridad social y las disposiciones fiscales relativas al artista, sea o no asalariado, habida cuenta de su contribución al desarrollo cultural.

A propósito de mejorar las condiciones de trabajo, seguridad social y las disposiciones fiscales al artista [y gestores culturales] quiero citar a la periodista y emprendedora cultural, Lucía Lijtmaer, y a la productora Isa Calderón quienes decidieron autogestionar la Revista Cultural Deforme Semanal Ideal Total. uno de los Podcast más escuchados de España:“un combativo programa político y cultural con espíritu de late night feminista, que ahora agota el medio millar de sillas de los recintos.”En medio del confinamiento español, hicieron una interesante reflexión sobre las condiciones de los trabajadores culturales, durante su programa “Aburrimiento” el pasado 12 de abril de 2020, y en el contexto del Apagón Cultural de 48 horas contra el Ministro de cultura de España, cito:

“No tiene porque haber excepcionalidad de los trabajadores culturales, pues no

se trata de eso, pero esto no anula la responsabilidad de que los responsables de

la política cultural expliquen a los ciudadanos las condiciones generales del sector,

detallar las medidas que se implementarán para salvaguardar al sector, cómo

acceder a las ayudas, qué pasa con la precariedad, qué pasa con el futuro, qué

pasa con las medidas que han hecho sus homólogos alemanes, franceses,

canadienses, [chilenos], etc. ¿Son ellos frívolos por destinar fondos específicos al

sector cultural o somos nosotros frívolos por hacernos esta pregunta? Es

preocupante que el Ministra de Cultura no de las explicaciones pertinentes y

puntuales, pues cristaliza lo que pasa en este país con la cultura: se solicitan a los

artistas o gestores culturales contenidos y servicios gratis, pero para muchos es

su trabajo, se han utilizado medios técnicos, horas de trabajo e infraestructura, lo

que parece desdibujarse, pero es que se está hablando de trabajo”

El apagón cultural de 48 horas y fuertes presiones del sector cultural español, incidieron para que el gobierno destinará 76,4 millones de euros a la protección del sector cultural como una ayuda extraordinaria, para“garantizar la supervivencia de las estructuras culturales”. En México tuvimos nuestro propio movimiento de presión hacia la Secretaría de Cultura Federal, a través de la iniciativa “Contigo en la confianza”, representado por el Movimiento Colectivo por la Cultura y el Arte de México (MOCCAM) y #NoVivimosDelAplauso, quienes lograron apoyos inéditos para 91 espacios escénicos independientes del país, con hasta $150,000.00 (ciento cincuenta mil pesos 00/100 M.N) Si bien hay una responsabilidad inherente a los gobiernos de destinar gasto público al sector cultural, esto es insuficiente para la sustentabilidad del ecosistema cultural. Me refiero a que hay una tarea colectiva pendiente que es la de crear mecanismos ciudadanos y privados para apoyar a la sostenibilidad cultural. No sólo es responsabilidad del estado fortalecer el ecosistema cutural, es un ejercicio de responsabilidad cultural multisectorial y multiactores, se trata de entender el rol de facilitador del estado, y el rol de creador, impulsor, innovador, disruptor, confiere al resto de actores y agentes culturales. Por lo tanto, fortalecer a la sociedad civil organizada y emprendimientos culturales será una tarea imprescindible. para crear la agencia activa de la cultura, la cual será abordada en la siguiente sección y hacia la última veremos algunas ideas hacia su sostenibilidad.

■  La agencia activa de la sociedad civil cultural organizada

El 4 de mayo de 2020 comenzaron los nodos virtuales del 1er. foro “Pensar la gestión cultural en tiempos de crisis” con el tema justicia de género, una de las afirmaciones que me causo mayor impacto fue la de Alexandra Haas quien planteo que en México las personas trabajadoras del hogar están mejor que un artista o gestor cultural, pues ya cuentan con seguridad social, ya que el 5 de diciembre de 2019 la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró discriminatorio excluir a las empleadas domésticas del régimen obligatorio del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Este hecho, es un dato duro, que cuestiona la agencia efectiva del sector cultural en México, ya que la gran mayoría de los trabajadores de las artes y la cultura del país no gozan de estos derechos.

En el libro “Desarrollo y Libertad” de Amartya Sen, sostiene que la agencia activa de los ciudadanos es fundamental para el cambio social. Tanto la agencia activa como gozar de libertades fundamentales son esenciales, para mejorar la capacidad de los individuos para ayudarse a sí mismos e influir en el mundo, particularmente en la conquista de sus derechos fundamentales y acceso al bienestar con desarrollo humano.

El sector cultural mexicano y su ecosistema deben trabajar arduamente y de forma urgente la agencia activa de sus derechos económicos y laborales, así como sumarse a otras agendas comunes para lograr la igualdad sustantiva. Es decir, que cada persona que se adscriba al sector de la cultura y las artes, tenga garantizados sus derechos económicos, laborales, civiles, políticos y culturales. Si bien México reconoce en los artículos 4 y 73 de su Constitución política a los derechos culturales, la legislación laboral no salvaguarda los derechos de los trabajares de las artes y la cultura. Pese a que estos profesionistas contribuyen a la cadena de valor cultural y al Producto Interno Bruto, que representa el 3.2% (cuarto lugar de la economía nacional, según la cuenta satélite de cultura del Instituto Nacional de Geografía e Estadística – INEGI: 2018), sus condiciones de empleo son precarias y sin seguridad social.

La agencia activa de la sociedad civil cultural organizada, no es un asunto menor, se trata de la posibilidad de empoderarse individual y colectivamente para exigir derechos económicos y laborales, así como rectificar desigualdades que aquejan al ecosistema cultural. La actual pandemia nos ha tomado mal parados por las condiciones estructurales en las que se ha desarrollado la gestión cultural en los últimos cincuenta años y que ahora debe renovarse.

Comprender el mundo desde la cultura es indispensable en contextos de crisis y emergencias globales. No hay sociedad que no pueda ser narrada o explicada desde la variable cultural (lengua, artes, tradiciones, elementos distintivos, gastronomía, vestimenta, idiosincracia, economía e industrias creativas). Ejemplos recientes de ello son las posturas de los gobiernos de Alemania y Francia otorgando inversiones de rescate al sector cultural y declarando su carácter estratégico, dando mayor peso a la cultura como fórmula de bienes de primera necesidad. No habrá sociedad madura en la cultura si no es capaz de defender su valor intrínseco en el desarrollo humano y sustentable. Es una regla para su agencia activa.

■ Hacia una Gestión Cultural inédita y de mayor proximidad

La crisis global de la gestión cultural pone en evidencia viejas y nuevas problemáticas, muchas de ellas asociadas con desigualdades estructurales. Hay un elevado número de profesionales de la gestión cultural intentando sobrevivir pues han perdido sus empleos o no cuentan con seguridad económica y social. Antes del covid19, esta situación ya existía, no obstante como dice el historiador israelí Yuval Noah Harari en en entrevista reciente con la “UNESCO Courier”, la pandemia “no es solo una crisis de salud , también resulta en una gran crisis económica y política4”, y además es un crisis que impacta negativamente los derechos humanos y libertades fundamentales de las personas.

La gestión cultural debería aspirar a comprender el mundo y sus contradicciones. Los gestores culturales somos una suerte de traductores comprometidos por explicar con entusiasmo las narrativas de la diversidad cultural, para contribuir al diálogo intercultural, a la cooperación cultural y a potenciar el valor agregado de las artes en la sociedades. Para fortalecer la agencia e incidencia de la gestión cultural en las estructuras políticas-sociales, a manera de cierre del presente ensayo presento una lista de elementos mínimos-necesarios para crear soluciones inéditas y de mayor proximidad (conexión). Reconociendo que estamos en un escenario de extrema incertidumbre, pero con alta posibilidad de ensayar acciones, es importante concebir una gestión cultural inédita (soluciones poco exploradas) y de mayor proximidad con poblaciones y territorios diversos (conexiones culturales improbables), para lo cual enlistó las siguientes:

1. Concebir y planificar a la gestión cultural, entendiendo que es una profesión que considera los principios de la administración para maximizar sus recursos humanos, financieros, de infraestructura, comunicaciones, alianzas mixtas, así como los principios de bienestar, desarrollo humano, ética planetaria y solidaridad, para el desarrollo de estrategias de comunicación y mercadeo que beneficien comunidades específicas y sus territorios, a través de las artes y/o asuntos culturales que permitan el desarrollo comunitario, en condiciones de inclusión, reconocimiento de la diversidad cultural y con perspectiva de género;

2. Explorar y ejecutar acciones de cooperación cultural internacional descentralizada y cooperación cultural ciudadana como vertientes posibles para fortalecer una gestión cultural horizontal, diversificada y conectada en lo glocal (global y local);

3. Reconocer la naturaleza dinámica de lo cultural y estar conscientes de que las soluciones ideadas pueden ser variables únicas para problemáticas y contextos determinados. Algunas veces podrán ser buenas prácticas locales o escalables a un número mayor de territorios, pero reconociendo que no funcionará igual en todos;

4. Reafirmar el valor de la gestión cultural como profesión de manera permanente y constante;

5. Esforzarse por ofrecer soluciones profesionales inéditas, más allá de la pandemia;

6. Brindar ejemplos concretos e inteligibles para diversas audiencias, sobre la dimensión cultural en el desarrollo sostenible y cómo la cultura aporta a transformar positivamente a las sociedades;

7. Trabajar en la centralidad de la cultura y en sus márgenes. Se trata de hacer praxis multiniveles para demostrar los resultados de trabajar con agendas diversas y diferentes niveles de influencia;

8. Interconectar a la cultura con las causas de otros movimientos sociales; hacerse más fuertes junto con otros;

9. Reflejar e incorporar valores comprometidos con: innovación, inclusión, interconexión, intersección, etc.;

10. Reafirmar, a través de una campaña permanente (análoga y digital) el valor estratégico de la cultura y las artes en el mundo;

11. Privilegiar, la co-creación e implementación horizontal de una Gestión Cultural 4.0 y fomentar su gobernanza;

12. Fomentar la tecnología, cultura y política en instancias públicas y privadas;

13. Encontrar aliados que apoyen nuevas causas de la gestión cultural;

14. Entender cómo funciona el sector privado y como usan la tecnología para potenciar producciones culturales;

15. Comunicar a diversos grupos de interés la aportación diferenciada de la gestión cultural en la solución de problemas sociales glocales (globales y locales).

Notas:

1 Victoria Contreras es fundadora y directora general de la empresa cultural Conecta Cultura S.C. (2010): www.conectacultura.mx

2 Ferrán López y Àngel Mestres plantean esta idea en “Imaginando una nueva cultura en la sociedad post-pandemia” en el blog de Trànsit Projectes: https://blog.transit.es/imaginando-unanueva-cultura-en-la-sociedad-post-pandemia/

3 Amartya Sen en el libro “Desarrollo y Libertad” (1999), sostiene que el limitado papel de la agencia activa de las personas también afecta de forma grave a la justicia social. En este caso, se ven afectados en su totalidad, los agentes y actores culturales.

4 Yuval Noah Harari: “Every crisis is also an opportunity”consultar en:

https://en.unesco.org/courier/news-views-online/yuval-noah-harari-every-crisis-alsoopportunity?fbclid=IwAR09o04PvqwUKZv4SP3gaXnuYvIY_JcPZKuOZSty0fo1fnxUijlEv8vpDAc

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