Siempre es deseable que nuestras relaciones personales y nuestras interacciones grupales, tengan momentos alegres y divertidos para hacer más transitable los desafíos diarios, pero qué pasaría si esos momentos alegres y divertidos para unos, resultan ser hechos y experiencias de violencia para otros y otras. Esto último es más frecuente de lo que podríamos pensar y de lo que deberíamos permitir.

Y nos preguntaremos, o diríamos, ¿cómo, en mi trabajo no pasa eso?, y es probable que en muchas oportunidades, en efecto, hay una sana convivencia, pero es todavía más probable que sea todo lo contrario, justamente ese es el inocente principio normalizado, estamos tan habituadas y tan habituados a interactuar, tolerar o validar bromas, comentarios o verbalizaciones violentas, que parecería que no pasa nada.

El inocente principio se refiere a la justificación inmediata o posterior de una situación de clara y directa violencia (muchas veces verbal) que se pretende justificar bajo el contexto de “es una broma, no es en serio, te lo creíste, era o es el momento, o así nos llevamos aquí”.

Dicha justificación puede darse por la persona que violenta, buscando apelar al sentido de -normalización y validación de la misma víctima o del resto del grupo-, “no pasa nada, ya ya me calmo”, “si siempre nos llevamos así y todos saben que estoy jugando”, “saben que es una bromita inocente y que jamás ofendería o le haría daño en serio a nadie”.

La idea de lo inocente no cabe en ningún acto de violencia, no se puede justificar bajo la excusa de es una broma o siempre ha sido así, menos de que se trata de una respuesta que se me salió o escapó por la emoción del momento o el estrés.

En muchas ocasiones el ciclo que sigue la normalización de esta violencia es así:

  • Se emite y recibe en situaciones que “pueden justificar o suavizar el impacto de la violencia”
  • Se tolera
  • Se acepta
  • Se normaliza
  • Se valida como parte de la cultura
  • Se invisibiliza la violencia implícita en el dicho inocente
  • Se repite o replica

Pero hay otro elemento importante para tener en cuenta respecto al inocente principio, es un acto violento que en la mayoría de las ocasiones se dirige a mujeres, y después a poblaciones vulnerables o minorías. 

Miremos, por ejemplo, que en muchas ocasiones se materializa, lanza y violenta bajo esta perspectiva “inocente de manejar el momento o hacer bromas”:

  • Calladita te ves más bonita
  • Mejor deberías dedicarte a otra cosa, o quedarte en casa
  • No te parece que siempre andas muy amargada
  • Así naciste o te puliste en el proceso
  • Eres o te haces
  • A ver, deja te explico por que parece que no entiendes

El inocente principio se enmarca y navega entre las aguas de lo permitido y la ruptura de límites que pueden llevarnos a otros escenarios como la escalada de la violencia, el estrés, la ansiedad, el desgaste y peor aún el mobbing, acoso y hostigamiento laboral y sexual.

Que podemos empezar a hacer, mirar, poner atención estricta en las dinámicas de relación entre las personas, sensibilizar sobre la importancia de erradicar “bromas inocentes” que no son otra cosa que violencias enmascaradas, y aceptar que esto es una realidad que debe observarse y atenderse.

Tenemos que visibilizar una realidad que afecta los niveles de conflicto, distanciamiento, falta de confianza, estrés, ansiedad y en ocasiones miedo, de ser víctima no sólo de las palabras, sino de la escalada de violencia delante de ellas.

Recuerda que en ResilienciaOrganizacional.org contamos con la experiencia, recursos y mecanismos para fortalecerte en y a tu organización.

Fernando Hernández Avilés / Presidente de Resiliencia Organizacional

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