Mucho se habla de sustentabilidad hoy en día, desde variados ámbitos: política, arquitectura, agricultura e incluso moda. En muchos de estos casos, se enfrenta simplemente a través de una estrategia enfocada en la eficiencia y solo en algunos casos se explora la problemática de los desechos.

El escenario de hoy se ve amarrado a visiones simplistas respecto de las problemáticas actuales, que que por el contrario profundizan en complejidad. Muchas veces se cae en reducciones como: “Arquitectura sustentable? Ah si, eso tiene que ver con el consumo de energía, no?”. Pero nada hablamos sobre los estándares de vida que ese consumo busca, ni de la calidad de vida que las personas requieren, de hacernos la gran pregunta: ¿Que es lo esencial para una vida feliz?

Una de las más grandes lecciones de arquitectura viene de un consejo humilde: “Siempre diseñe espacios dignos, lugares donde habitaría Ud.” Este razonamiento, aunque simple a primera vista, incluye al cocktail de la sustentabilidad un nuevo ingrediente, hasta hoy ignorado por no tratarse de algo técnico ni medible: la dignidad. Hoy la mayor barrera de la sustentabilidad es precisamente la limitación de pensar que el consumo energético es la clave para afrontar la crisis ambiental que estamos experimentando, y en parte hay algo de razón; es un factor de incidencia y hay que afrontarlo pero no es el único factor en juego, El mundo se urbaniza y a pasos agigantado estragando no solo los recursos naturales, sino nuestros recursos humanos de cohabitar. Lo grave es que muchos se quedan tranquilos, haciendo estudios, documentando y jugando al laboratorio como si las variables externas fueran un inconveniente, y no afectaran el resultado final.

Hoy estamos en una crisis, y no solo es energética, es aún más profunda; Hoy nuestra forma de habitar y cohabitar está en crisis. No podemos seguir con la competencia de consumo, no podemos seguir desarrollando proyectos “cookie-cut” o de molde, ignorando la individualidad de los habitantes. Las políticas de vivienda hoy postulan que con poner un techo y cerrar con paredes, sin ni siquiera de calidad, estamos dado una solución, pero la verdad solo hemos creado segregación.

Nuestra primera misión, antes que seguir comprando sellos para verdear proyectos que no tienen nada de sustentables, es desarrollar proyectos dignos, es empatizar con quienes habitaran las obras. Es reflexionar sobre nuestras propias conductas; porque no se le puede pedir a otro que aguante condiciones que uno no aguantaría o no estaría dispuesto a aceptar.

A la arquitectura le falta humanidad y empatía hacia el ser humano, como también hacia el medio ambiente. La real conciencia y reflexión sobre lo mismo es los que hace que algo sea sustentable.