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La "Ciudad Dulce" de Latinoamérica gana nuevo premio de urbanismo

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La ciudad costarricense gana por segunda vez este premio y en 2017 también fue galardonada por ONU Hábitat como práctica inspiradora de la Nueva Agenda Urbana.

Planos de desarrollo de biocorredores en Curridabat

La pequeña ciudad de Curridabat en Costa Rica, no para de recibir reconocimientos por su proyecto ‘Ciudad Dulce’ y por segunda vez se adjudicó el Premio Charter que entregó el Congreso para el Nuevo Urbanismo, organización que trabaja en el apoyo a la creación de ciudades ‘vibrantes y accesibles’.

‘Ciudad Dulce’, la propuesta de recuperación de ecología urbana y espacio público de la ciudad de 75.000 habitantes y ubicada en el suroriente de San José; busca devolverle el protagonismo a la biodiversidad como parte fundamental del territorio.

El programa se basa en la creación y consolidación de corredores verdes en los que especialmente son valoradas especies polinizadoras como las abejas, los colibríes y las mariposas y que tienen tal  protagonismo que de hecho, como lo promulgaba su exalcalde Édgar Mora; son tratados como un ciudadano más.

El nuevo galardón se trata de la 17° versión del Premio Charter que valora proyectos que hacen diferencia en la vida de las personas en las ciudades, reconociendo propuestas de gobiernos locales y de arquitectos o urbanistas también para barrios o regiones.

La organización reconoció el valor de la premisa fundamental de Ciudad Dulce que es derrotar el antagonismo artificial creado desde la colonia, entre ciudad y naturaleza.

“Nuevas intervenciones urbanísticas como calles compartidas, usos mixtos, aceras y espacios públicos son combinados con mejoras al parque, humedales, y proyectos para mejorar la biodiversidad”, señaló el CNU en la argumentación de los premios.

La organización reconoció el valor de la premisa fundamental de Ciudad Dulce que es derrotar el antagonismo artificial creado desde la colonia, entre ciudad y naturaleza.

De hecho, actualmente se revitalizan más de 60 parques en distintos barrios de la ciudad intermedia.

‘Ciudad Dulce’ ya había recibido este mismo premio en el año 2014 cuando fue reconocido el proyecto como Plan Maestro para la ciudad. “Al igual que con muchos proyectos del Nuevo Urbanismo, la reinvención de Curridabat se ha centrado principalmente en aumentar la transitabilidad y usabilidad, mientras disminuye la congestión resultante del crecimiento suburbano sin objetivos”; argumentó entonces CNU.

A estos dos galardones se suman el Reconocimiento recibido en los Premios LafargeHolcim de Sostenibilidad (Seres humanos, agua y naturaleza) del año anterior.

También el año anterior, ‘Ciudad Dulce’ obtuvo el premio ONU Hábitat a Prácticas Inspiradoras de la Nueva Agenda Urbana que compartió con proyectos de Brasil, Ecuador y Puerto Rico; escogidos entre cerca de 150 postulados.

Luego de la entrega, la integrante de la municipalidad, Irene García Brenes, declaró a Teletica.com, que destacaba las capacidades del proyecto como modelo internacional para el desarrollo de ciudades pequeñas e intermedias, ya que “La mayor cantidad de ciudades del mundo son pequeñas y medianas”, indicó.

Sobre el concepto de derribar el antagonismo entre naturaleza y ciudad, el exalcalde de Curridabat y hoy Ministro de Educación, Édgar Mora, ha dicho que desde el nacimiento de las ciudades latinoamericanas en la concepción de la colonia, se trató de separar a la naturaleza, de alejarla del ámbito urbano.

Quien fuera mandatario de Curridabat entre 2007 y el pasado abril, argumenta que la manera de ver las ciudades en Latinoamérica se constituyó en lo que llama el “primer POT de América, la Ley de Indias promulgada por el rey Felipe II”.

“La Ley manifiesta primero que el único propósito de crear ciudades en América es evangelizar y los segundo es que dice que todas las manifestaciones de la naturaleza deben estar fuera de la ciudad. Cristianizar no era relacionarse con la naturaleza”, afirmó Mora en su visita a Medellín en el mes de marzo para compartir la experiencia de ‘Ciudad Dulce’ como ejemplo en desarrollo territorial.

Son estas concepciones las que se han derribado con el proyecto que hoy suma otro reconocimiento más para un modelo en el que cada vivienda debe tener un espacio verde o un jardín, en el que en cada calle debe haber un espacio biodiverso  y  en el que cada barrio debe ser un ecosistema.

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