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Las ciudades ofrecen momentos de humanidad que rompen la angustia por el Coronavirus

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Con el paso de los días el aislamiento social, las cuarentenas y las estrictas medidas que han llevado a los ciudadanos a sus hogares para prevenir el Covid-19; dejan también múltiples lecciones de humanidad.

Las ciudades ofrecen momentos de humanidad que rompen la angustia por el Coronavirus
La lección fundamental que nos deja hasta ahora este virus es que, en las ciudades, debemos volver a lo esencial: el encuentro real con el otro.

Cuando usted lea este artículo, posiblemente el número de infectados por el Covid-19 esté acercándose a los 177 000 en el mundo, provocando más de 7 120 muertes.

Desde las radicales medidas de aislamiento en Wuhan, cuando en los últimos días de enero esta ciudad china se reveló como el centro de la crisis de la actual pandemia del Coronavirus, hasta hoy cuando casi todos los países de Latinoamérica ya reportan contagiados y víctimas; múltiples lecciones positivas de humanidad han surgido de la crisis y que dejan salir lo mejor de las personas, especialmente en las ciudades, escenario principal de esta tragedia.

Una de las escenas más conmovedoras se vio en febrero en la ciudad de Henan cuando la enfermera Chen Ruixue, después de cerca de un mes de turno el Hospital Popular de Xinyang, combatiendo contra el coronavirus, puedo salir a recoger algo de ropa a su hogar para regresar al frente de batalla. Allí estaba su bebé, detrás de una vidriera. La profesional de la salud no se contuvo y acerco sus labios al vidrio para besar a su hijo.

La escena se convirtió en viral en las redes sociales como símbolo de lo que han sido estos meses: personas amadas separadas por una enfermedad que reta a los seres humanos a volver a sus raíces.

En la ciudad española de Móstoles, al suroccidente de Madrid, los ciudadanos recluidos en sus hogares cerca de un hospital aplauden al personal médico a quienes agradecen la valentía de su trabajo. A los pocos minutos ese mismo personal sale de las instalaciones a devolver el reconocimiento.

En la ciudad italiana de Siena, las calles vacías, desoladas, hacen eco de una hermosa canción tradicional de ese país que un hombre entona y que pronto se hace coro cuando más voces se suman en el propósito de hacer más ameno el llamado aislamiento social a que se ha sometido a la población de este país, el de más infectado en Europa. A ello se suma el orgullo con que se canta en los balcones el himno nacional a las 6:00 de la tarde y que despierta la alegría del encierro.

Resulta paradójico que en un mundo cada vez más globalizado, un diminuto virus haya provocado tan significativo revolcón en todo lo que se da por sentado: viajar y moverse libremente por el mundo ya no es posible, muchos se han convertido en discriminados sin tener la culpa: en Neiva (Colombia) ignorantes apedrean la casa de dos personas contagiadas, afectados irónicamente -sin discriminación de clase social, edad o nacionalidad-. Un virus ha unido a la humanidad como ninguna otra causa política, social o económica.

El mundo se da por enterado de que lo primero en la vida no es la producción de bienes de consumo, el consumo mismo, lo material y de que nada sirve el dinero ante una pandemia que no hace diferencias: la prioridad es la vida misma: usamos máscaras, pero seguimos respirando; se obliga a usar el tiempo que se usa para producir vertiginosamente para estar en calma en casa, para compartir, disfrutar y soportar el día entero con los niños y los abuelos, a volver a mirarse a las caras, ya no se necesitan las llamadas, todos están en casa. Los niños ya no son responsabilidad de los profesores sino de los padres: todo el día.

Se daba por descontado un saludo, un apretón de manos, un beso, un abrazo y ahora se restringen. Cuando nunca como antes el mundo era individualista, un virus transmite también un poderoso mensaje especialmente al mundo urbano: esto se trata de un ‘todos’, solo unidos se podrá superar la crisis, el sentimiento de ayuda al prójimo, de la responsabilidad de integrar un colectivo.

Los afectos negativos del aislamiento

Estrés, ansiedad, depresión, soledad, conflictos, son algunas de las consecuencias que puede generar la situación actual de aislamiento social que vive el mundo por cuenta de la pandemia de Covid-19.

Si bien la crisis ha sacado muchas actitudes positivas y acciones heroicas a flote, la reclusión de muchas personas y familias también produce efectos negativos en la mente humana.

Expertos explican que las situaciones de encierro y aislamiento generan distintos efectos dependiendo de la situación en la que las personas se encuentren y del tiempo de ese aislamiento y que puede ir desde el insomnio y la irritabilidad; hasta el estrés postraumático, el agotamiento emocional e incluso el suicidio. Durante la crisis del Sars en 2003 un hombre taiwanés en cuarentena tomó esa decisión.

Incluso entre los afectados por las consecuencias de largos encierros está el personal médico de muchas unidades hospitalarias y que también deben considerarse en la evaluación de los efectos psicosociales de la crisis.

Ante esta afectación, los expertos recomiendan realizar rutinas específicas dentro de los hogares para evitar la sensación de caos sin control. Las redes sociales y la tecnología pueden ayudar a sustentar planes en los que se diversifiquen las actividades para todos los miembros del hogar.

Las actividades físicas como el deporte y el juego también son acciones que aportan en el mantenimiento de una condición psicológica estable en situaciones de cuarentena o aislamiento social en tiempos de Covid-19. Y la gente ha demostrado su creatividad para hacerlo incluso en estas circunstancias.

Pero la lección fundamental que nos deja hasta ahora este virus es que, en las ciudades, debemos volver a lo esencial: el encuentro real con el otro. El aislamiento ha sido una dura lección para darnos cuenta de que necesitamos de los demás, que somos humanos en cuanto somos capaces de crear vínculos. Y que la esperanza de superar cualquier crisis o tragedia solo puede ser posible si estamos unidos.

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