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¿Medellín es una ciudad hostil para las ciclistas?

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Ser una ciclista urbana es una actividad de riesgo en cualquier lugar del mundo, pero en Medellín hay unas circunstancias particulares que les limitan su libertad, su tranquilidad y su autonomía en el espacio público.

Por Sebastián Aguirre, periodista, para el Colectivo SiCLas.

Que en Medellín el 30 % de las mujeres que la habitan no viaje por ninguno de los medios de transporte disponibles o por sus propios medios –entre ellos la bicicleta–, o en otras palabras que no salga de su casa o de su entorno más próximo, es una señal de lo hostil que es la ciudad para ellas y cómo su autonomía y su tranquilidad se ven sesgadas por las circunstancias que la urbe les ofrece en su libre movilidad.

Foto: Archivo SiCLas

Estas cifras las comparte la coordinadora del componente social y comunicacional de la Gerencia de Movilidad Humana de la Alcaldía de Medellín, Alejandra María Álvarez, y surgen de la más reciente Encuesta origen-destino que efectuó el Área Metropolitana en 2017 para identificar cómo se moviliza su población por la región.

En particular sobre el uso de la bicicleta por las mujeres en la capital antioqueña, Álvarez expresa: “Medellín es una ciudad hostil para ellas. Ese 30 % es una cifra exagerada que evidencia una cultura patriarcal en la que los hombres salen y viajan hacia el trabajo mientras esas mujeres –las que hacen parte de ese porcentaje– se quedan en casa haciendo otras labores”.

De acuerdo con su concepto, los planes de movilidad de la ciudad fueron hechos partiendo de un sistema de productividad en el que las personas salen a trabajar en la mañana y regresan a casa en las tardes, pero las dinámicas de la ciudad reportan que la mayoría de las mujeres que viajan lo hacen más hacia el mediodía y “en cadena”, es decir que son transportadas y van como acompañantes de un hombre. Y agrega: “las mujeres caminamos más, pero utilizamos menos la bicicleta”.

El objetivo de la Gerencia de Movilidad Humana en este periodo de gobierno –que finaliza en 2023– es que más mujeres usen la bicicleta como medio transporte. En la actualidad, ese indicador está en el 13 % (del total de mujeres que viajan en cualquiera de los medios disponibles) y la meta es llevarlo a un 20 %.

Para conseguirlo, esa dependencia viene gestando proyectos en los que se mantienen tres principios: enfoque de género, accesibilidad universal y visión cero.

En su experiencia personal, Álvarez indica que “llevo cerca de ocho años utilizando la bicicleta para ir a trabajar y nunca he sido víctima de atraco o de algún hecho que atente contra mi integridad, pero la mayoría de mujeres ha sido víctima de acoso callejero, sobre todo cuando está expuesta en el espacio público en el que se siente vulnerada y acosada por esa cultura patriarcal en la que es condiciona por su vestuario”.

Una de las estrategias en las que trabaja la Alcaldía es la instalación de una mesa de trabajo entre las secretarías de Movilidad y Mujeres, en la que se están gestando acciones y campañas que permitan incidir en el comportamiento de los hombres y se hagan visibles los acosos para no normalizarlos y que cuando alguien les diga algo a las mujeres en la calle, entre ellas las que viajan en bicicleta o van caminando, sean señalados por acoso”.

“No hay libertad ni tranquilidad”

Los espacios públicos diseñados en la planificación arquitectónica de las ciudades son “masculinos”, y para las mujeres es complicado ocuparlos ya que para ellas “no hay libertad ni tranquilidad” y, sea caminando o en bicicleta, siempre deben estar “hipervigilantes” ante cualquier amenaza, con el agravante de que “uno nace con eso y se termina normalizando, se vuelve algo mecánico”.

La reflexión la hace Catherine Viera, politóloga, docente y usuaria de bicicleta, quien se refiere en ella a Medellín pero su concepto puede aplicarse a muchas otras urbes en el planeta donde ocurre el mismo fenómeno.

“Son subjetividades que se crearon así, nacimos en este tiempo y es lo que nos dicen que debemos asumir. Son ciudades que no piensan en que las mujeres tienen trayectos más cortos y diferentes por las cargas y los roles que asumen, y de alguna manera hay un entrampamiento que hace difícil ser una mujer usuaria de la bicicleta”.

Viera plantea que muchas mujeres no salen de sus casas por miedo y eso no les permite ocupar el espacio público porque sí, porque quieren, “por vagancia”, y no solo porque deban ir a estudiar, producir o consumir.

“Me parece tenaz, ellas terminan estando atrapadas, hay dispositivos de sujeción y la movilidad en las ciudades expresa un montón de cosas de lo que hay en las psicologías femeninas, entre eso está el miedo, y en bicicleta es aún más complejo: uno trata de hacerlo de día, ¿pero de noche? Cuando salgo a rodar de noche, pienso en cómo voy a regresar a la casa, porque si me toca hacerlo sola se me hace más complicado y pienso si debo o no salir, más en una ciudad en la que no nos roban: nos violan, y una bicicleta se puede recuperar, pero uno no se recupera de una violación”, concluye Viera.

Foto: Archivo SiCLas

“Es una situación perversa”

Alejandro Álvarez, docente de Eafit, experto en sostenibilidad y promotor de la movilidad sostenible, plantea que Medellín es una ciudad “injusta” en cuanto a que no hay acceso a formas de movilidad “más democráticas” en las que la gente pueda salir y sentirse segura, y la que, en ese sentido, se presenta una “situación perversa para las mujeres” por cuanto este es un derecho que “todos debemos disfrutar”.

En su planteamiento, Álvarez afirma que las mujeres tienen una doble “exclusión”: la que tienen todos los que usan bicicleta en Medellín, ciudad en la que los motores “tienen prelación”, y la otra por las actitudes machistas que las hacen sentir vulnerables cuando las personas se dirigen a ellas por los estereotipos que existen y el lenguaje soez y vulgar al que se recurre en el espacio público, sea por su vestuario o su apariencia.

“Valoro las luchas y los escenarios que viene promoviendo la Secretaría de Movilidad, se notan algunos elementos adicionales, pero creo que es insuficiente, porque aunque haya personas entusiastas en esa entidad, les toca someterse a lo que diga el Departamento Administrativo de Planeación de Medellín y tienen que haber personas por encima que digan que definitivamente la apuesta tiene que ser dignificar el papel de la mujer en las vías, y respalden las acciones que se tengan que hacer”, dice Álvarez.

Según cifras reportadas por Encicla, el sistema público de préstamo de bicicletas en el Valle de Aburrá, son 2.838 mujeres usuarias las que recorren todos los días las calles de la región –de un promedio de 14.000 por día–, y representan el 37 % de sus usuarios activos (83.000 en total).

Foto: Archivo SiCLas

¿Cuál es la posición de SiCLas?

Para Mauricio Mesa, vocero del colectivo SiCLas, las mujeres están en desventaja en nuestra cultura patriarcal, ya que a muchas de ellas les dicen que tienen que jugar a otra cosa pero no a montar en bicicleta, y mientras los niños se van a la calle y aprenden a montar en bicicleta, ellas no pueden hacer lo mismo porque son relegadas a otras formas de entretenimiento por sus padres, y cuando quieren hacerlo estando más grandes, se encuentran con una ciudad que no es amigable con los ciclistas novatos, en especial si son mujeres, por factores como el asedio permanente hacia ellas en general, en el país y en la ciudad, cuando se movilizan por el espacio público y son víctimas del acoso callejero, del piropo o del comentario sexual por su apariencia física o su vestuario.

“Pareciera que las mujeres no tuvieran derecho a disfrutar. Hay algunas que no salen porque hay poderes que les imponen quedarse en casa haciendo otras actividades, o en algunos casos porque la familia las quiere proteger justamente de esas violencias que azotan a la ciudad”, señala Mesa.

La bicicleta, en palabras de Mesa, les da a las mujeres esa independencia que están buscando, esa sensación de libertad en la que no requieren de permisos ni necesitan combustible para ir a donde quieran. En la ciudad hay espacios que les permiten disfrutar de esto, como la Biciescuela SiCLas y la SiCLeada, creados por el colectivo SiCLas como escenario para generar confianza a todo aquel que desea explorar la bicicleta como medio de transporte para recorrer la ciudad.

“Hay muchas mujeres que quieren montar en bicicleta, y si la Alcaldía tiene la meta de subir los viajes en bicicleta del 1 % al 4 % a 2023, debería hacer énfasis en ellas, dándoles motivaciones e incentivos para que lo hagan”, ofreciéndoles garantías y condiciones para que ello ocurra.

Mesa concluye que si hay más mujeres o niños montando en bicicleta, las ciudades serán más amigables, con quienes se inclinan por este modo de transporte y también con los demás actores viales, sobre todo los más vulnerables, como son los peatones y los ciclistas. O lo que es lo mismo: una mejor ciudad para todas las personas.

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