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Nuevo urbanismo vs. Patrimonio histórico

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Recientemente, con el fin de construir varias viviendas, derrumbaron lo que restaba de una empresa de material de construcción, las icónicas torres de hornear, bicentenarias, conocidas como los hornos Hoffman en Itagüí, lugar de donde salieron los ladrillos que construyeron miles de viviendas y edificios en Medellin y sus alrededores. Su máxima expresión artística está localizada en la Catedral de Medellin, conocida como la más grande del mundo construida en ladrillo.

Medellin, no se ha caracterizado por cuidar su patrimonio arquitectónico con valor histórico y ha visto, a lo largo de muchas décadas, como predios de enorme valor cultural y de diseño, desparecen por fuerza del abandono exprofeso para darle la calidad de “amerita demolición” o ya sea para dar paso a ideas urbanistas de última generación. Es cierto, que nuestra sociedad evoluciona, pero no significa que por eso debemos borrar el pasado de tajo sin tener presente los valores históricos que anteceden.

Muchas ciudades del mundo preservan predios, parques, viviendas, empresas, monumentos, carrileras, pasos a nivel o desnivel, etc., por el valor mismo que significa saber de donde venimos y para donde vamos. No todo se vale. Si fuera así, se debería haber destruido el angosto puente, histórico y símbolo de nuestra independencia, sobre el rio Boyacá y construido otro nuevo para atender necesidades de movilidad actuales. Por suerte, aun se mantiene y una nueva autopista y puente pasan, por un lado.

La pasión por volar en Medellin se inicia en 26 de enero de 1913 cuando un monoplano piloteado por el canadiense John o Geo Schmitt sobrevoló la ciudad, despegando de una finca conocida como “La Pradera” en alguna parte plana del valle del Aburra.

Mas adelante, el 5 julio de 1932, en los antiguos terrenos de Las Playas en Guayabal, cedidos por algunos empresarios a la ciudad para este fin único, liderados por Don Gonzalo Mejia, entra en funcionamiento una pista con 974 metros de longitud, con el aterrizaje de la aeronave “Marichu” iniciando así la rica historia de la aviación comercial en el Olaya, conectando a Medellin con su Departamento, con el país y con el mundo. El 1 de mayo de 1947 se inaugura la ampliación de la pista al tamaño actual que conocemos y en 1962 la terminal como la vemos hoy, obra del arquitecto local Elías Zapata con apoyo e influencia de los arquitectos suizo Le Corbusier y el brasileño Oscar Niemayer, quienes les darían a los edificios el prestigio y la forma de cóndor con que lo vemos aun hoy en sus vitrales.

El Olaya ha sido una enorme inversión económica de las generaciones anteriores que construyeron y visionaron el futuro de la ciudad; fue sede de muchas empresas aéreas; base de academias de aviación que aun operan; y de la Patrulla Aérea Civil de Antioquia que, hoy por hoy, es un apoyo valioso en la crisis de salud que afrontamos. El aeropuerto Olaya suma al PIB de la ciudad con su actividad económica y comercial apoyando a la integración con las comunidades regionales; escuelas de aviación; vuelos turísticos, aviación civil y brigadas aéreas de salud.

Este aeropuerto local tiene un alto valor histórico, es un activo del presente y una inversión consolidada para el futuro. Medellin que se privilegia de tener dos aeropuertos para conectarse con su region, con su país, con el mundo, no puede permitir que se convierta en un objeto de discusión la conveniencia o no por temas urbanísticos o de espacios públicos. En los últimos años, el aeropuerto ha sido víctima de invasión, enajenación y apropiación de terrenos aledaños para convertirlos en zonas deportivas, comerciales y de vivienda, cuando eran espacios necesarios para la utilización misma de la operación aérea.

En muchas ciudades importantes del mundo hay dos o hasta tres aeropuertos. Son una comodidad, una necesidad, un complemento el uno con el otro. No podemos cometer el error de desaparecerlo como se hizo con el tranvía de la ciudad que décadas después fue necesario construirlo otra vez a un enorme costo.

Hoy, el Olaya es objeto de interés de urbanistas y constructores ante la falta de espacio vital para el crecimiento de la ciudad y convertirlo en una zona multifuncional, de espacios públicos, zonas deportivas, comerciales y de vivienda. Grave error seria cambiar el destino de un instrumento moderno tan caro como es construir, hoy por hoy, un aeropuerto de una ciudad con serias dificultades de logística de transporte a otros puntos cardinales de la geografía. No todo se vale destruir en nombre del progreso, pues podemos correr el riesgo de terminar regresando al pasado.

El Olaya que también podría operar nocturnamente con las ayudas tecnológicas de hoy, debe mantenerse pues es la salvación para muchos habitantes de regiones apartadas en materia de emergencias de salud; es un asunto de lógica socioeconómica y de integración regional con las otras comunidades de Antioquia y de los Departamentos vecinos. Es un compromiso de solidaridad que tenemos con ellos.

Sergio Escobar

Fecha: 20/Julio/2020

Numero de palabras: 820

Fuentes: Periódico El Colombiano, Fundación Ferrocarril de Antioquia, Aerocivil, Aeropuerto OH 70 años de historia, PAC, IATA, AIRPLAN

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