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Okso y lo que una vaca digiere por nosotros

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Okso estaba cruzando las calles del barrio Cotiza desde una primera adolescencia. Anduvo entre los beefs sin mojarse mucho, pero le tocó distintas épocas de agresión policial: recuerda que más de una vez que le vaciaron su propio aerosol encima, con cara y todo, o le pegaron en las manos con un casco de Policía, diciéndole entre risas, haz un puñito.

Rai es un venezolano joven que llega de Nueva York y empieza a decir cómo son las reglas del graffiti. Lo invitó a ser parte de la crew AAA y aún después de que ya no pintaran juntos, siempre lo defendió.

Okso desde que pintaba con Rai estaba intentando que las letras se volvieran objetos y cuando fundó su propia crew -ABC-, se encontró cómodo dejando cada vez más a su vaca sin firma y sin letras. A su vez cada compañero pintaba otro animal: una rata, un alce, una abeja y un cerdo. El anonimato fue un recurso que fue encontrando.

“El anonimato no es por un capricho, yo no soy de mostrar mi cara, primero. (….) Aquí es por vainas de seguridad”.
De esa época le viene el orgullo de tener un compañero que lo haya superado, que siente que es el mejor ilustrador en la ciudad. Tuvo la satisfacción de haberlo convencido de salir a pintar con él cuando la diferencia de edad todavía era notoria.

En la calle es donde mejor se siente, quizá esa rebeldía le viene de la niñez cuando a pesar de ser pobre empezó a pensar que no le gustaba tener que comerse lo que había y menos que le repitieran que había que conformarse. Esa voz era la de su papá, pero su papá fue muchas más cosas y pudo ser un gran artista, pero necesitaba trabajar porque con el salario de la maestra que era su madre no alcanzaba.

Mientras que los otros estaban haciendo palitos, Okso estaba haciendo contornos y explorando la anatomía humana. Esa fascinación por el cuerpo le duraría hasta ser un universitario donde hizo video arte sobre las cirugías estéticas, críticas a los reinados y una exploración histórica por los cuerpos -que también atravesaba la ropa y la televisión-.

La primera persona al que le escuchó que debería dedicarse al arte, fue el jefe de su mamá -que era un dirigente sindical en un hospital universitario-. Por esa ruta le pudieron conseguir una beca para un colegio técnico en arte, pero los papás no lo dejaron cambiarse, no querían que se dedicara completamente a un oficio tan incierto.

La historia continuó haciéndose echar y terminando el bachillerato en un colegio de aceleración. Ya graduado por fin pudo entrar a donde había soñado estudiar una técnica en artes y de ahí muy pronto a la Universidad Armando Reverón.

Cuando recuerda sus maestros, primero se encuentra con su padre que era un hombre ingenioso y tremendamente hábil para todo tipo de manualidades. Aun hoy le pregunta sobre materiales en sus constantes exploraciones.

Luego se encontró con la inspiración de Corina Briceño y con Oswaldo Valenzuela. De este último aprendió el rigor o a ser perfeccionista en el arte gráfico. Fue después de eso que empezó a explorar con telas y terminó reciclando para hacer peluches gigantes con retazos. Su exposición estuvo junto a una colección de Armando Reverón.

“Tuve como la suerte de que era una universidad muy completa, yo sé de cerámica, de artes gráficas, de escultura, de pintura, de arte sonoro”.

De niño había visto el Perro Crucificado de Miguel Von Dangel y todavía estaba en la universidad cuando tras la pista de él, encontró su nombre y teléfono en la agenda de un museo y sin autorización anotó el número y llamó al consagrado artista caraqueño. Miguel lo atendió con toda naturalidad en su casa, mientras una mujer lavaba ropa atrás. Ese día le explicó esa ética emocional enorme con la que exploraba la divinidad en los animales y le contó sobre el sentimiento que había tras de un perro crucificado. Finalmente le dio los elementos que necesitaba para hacer un puente entre lo que hacía en la calle y a lo que la academia lo invitaba.

El arte de Okso no se parece en nada al de Von Dangel: este es desenfadado, pero hay una necesidad de expresar y sobre todo unas sensaciones donde se acompañó del maestro caraqueño. Nos dice que lo primero que quería hacer con las vacas era ponerlas en lugares y en situaciones donde se pudiera expresar algo del canibalismo social. Era la época de Las vacas locas.

Okso nos confiesa que nunca ha tocado una vaca, que se considera animalista, pero que no es vegetariano. Recuerda mucho la vez que su papá compró un caballo sin necesidad, sólo por el hecho de que lo iban a sacrificar; tal vez un caballo cojo.

Ya tenía un personaje, un personaje que reconoce que puede tener algo de Tom y Jerry y de los Simpson, pero que es completamente de él. Ahora este personaje le servía también para cuestionar algunos asuntos religiosos.

“Siento que las religiones deberían ser más libres y unirse, porque a estas alturas de la vida todo va más allá de alabar una imagen”.

Finalmente, encontró algo que miraba su personaje y a él cuando lo hacía: “los ojitos de Chavez”. El gobierno había puesto ojos de Chavez en el Metro, en las escaleras, en las paredes, en las bancas en los edificiones. Y él decidió que esos ojos podían ir acompañados de la mirada atenta y penetrante de una vaca.

“Para mí era una especie de psicología de que estabas vigilado por todo lado. Empecé a hacer los ojitos pero en la vaca”.
Un par de veces le preguntaron si estaba pintando al presidente de 2019 y él respondió que él pinta cosas felices, no pinta desgracias. Le interesa que el mensaje sólo le llegue a un tipo de persona: a los que puede animar, consolar un poco, y sacar del estupor.

Cuando lo entrevistamos estaba trabajando en un videojuego donde una vaca se queda dormida después de comerse un supuesto chocolate; parece que comió demasiado y finalmente algo en particular la intoxicó.

“Ella empieza a caer en un espiral y empieza a soñar y cuando en el espiral que entra sale, ella está dentro de su estómago, ella está dentro de ella misma. Claro yo hago eso porque el juego tiene cuatro mundos, y entonces son los cuatros estómagos de la vaca, y los enemigos son comida descompuesta y cuando ella está en el cuarto mundo que es el de los ácidos, ella dice, coño pana, esto está muy difícil, lánzame una ayuda esto está muy complicado, y sale una mano y saca una navecita que es una caja de leche, y el mundo empieza a ser cenital. ¿No sé si ustedes leyeron la Divina Comedia? Que Dante entra y sale por el culo, porque es un lugar oscuro que huele mal… y el último enfrentamiento es contra el pupú… (…) no puedo decir publicamente que es pupú”.

Fuentes

Entrevista con Oksu

Fotografías archivo del artista

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