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Resiliencia: antídoto contra la fragilidad urbana

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“El futuro del planeta depende de cómo las sociedades manejen sus desafíos en los próximos decenios”. La advertencia la hace la Fundación Rockefeller, organización que lidera el proceso de transformación de 100 ciudades en el mundo, que se caracterizan por enfrentar con decisión y acierto los desafíos físicos, sociales y económicos de su territorio.

La ciudad resiliente, por su parte, debe construir un capital humano decidido, formado, respetuoso y con capacidad organizativa. Foto: Programa 100 Ciudades Resilientes

Dicha capacidad –a la que se le conoce como resiliencia–, algunos estudiosos de las ciencias sociales la comparan con las propiedades biológicas del bambú, cuyos componentes, además de altamente resistentes, son, en extremo, maleables.

En otras palabras, aunque suene contradictorio, el bambú es tan fuerte y rígido como el acero y tan flexible como el plástico: se dobla, se adapta, no se rompe, no se desraíza.

También tiene otra cualidad en su estructura genética: la capacidad de memoria para recuperarse y volver a su estado natural luego de una deformación, un choque, un viento fuerte o cualquier otra presión externa.

Y en ello se emparenta con el atributo de las ciudades que han sabido desarrollar capacidad de respuesta a fuerzas externas como la adversidad, el trauma, la tragedia, las amenazas, los desastres naturales y hasta al estrés de las poblaciones, y que, a la vez, han acumulado aprendizajes y concebido protocolos que eviten ser sorprendidas por la adversidad en el futuro.

Originalmente, la resiliencia fue una cualidad que se definió para los metales, luego pasó a las personas y a los seres vivos, y en el mundo moderno a las sociedades.

Oportunidades sin precedentes

Al movimiento mundial que lidera la Fundación Rockefeller –Cien Ciudades Resilientes, 100RC– pertenecen conglomerados tan disímiles como Ciudad de México, Los Ángeles, Quito, Glasgow, Río de Janeiro, Bangkok, Panamá, Medellín, todas con complejidades y grandes desafíos pero que ofrecen oportunidades sin precedentes y que están tomando medidas para reducir los impactos negativos de la delincuencia, la violencia, los desastres naturales (terremotos, incendios, inundaciones, huracanes), la desigualdad económica y todo lo que ponga en jaque o debilite el tejido social de las comunidades.

Así se siembra la resiliencia

Al sembrador de bambú, el proceso natural le exige romper esquemas inmediatistas, ser confiado y perseverante, abonar y regar sin ver resultados a simple vista o en corto tiempo.

La ciudad resiliente, por su parte, debe construir un capital humano decidido, formado, respetuoso y con capacidad organizativa que le permita responder y sobreponerse a una situación crítica. Debe restablecer el tejido social: combatir el desempleo, tener sistemas de transporte públicos eficientes, tratar la violencia endémica, estar alerta ante eventos adversos y ofrecer funciones básicas y dignas a su población. También, en opinión de expertos, debe reforzar la tolerancia, la solidaridad, la previsión y la igualdad.

Beneficios

Al integrar la 100RC, los beneficiarios acceden a un plan de acción que las ayudará a ser más resilientes, a partir de una estrategia de recuperación frente a los problemas naturales u otros cíclicos que puedan ocurrir en el manejo de agua o en el transporte público.

Asimismo, a “orientación financiera y logística para desarrollar un gobierno de ciudad que sea innovador y que cuente con un director de resiliencia que se encargue de dirigir los esfuerzos para que la ciudad en cuestión sea más resiliente”, señala la fundación Rockefeller.

También, a “soluciones desarrolladas por actores de rubros públicos, privados, organizaciones no gubernamentales y proveedores” y a “la posibilidad de integrar una red colaborativa y global para que las ciudades pertenecientes se ayuden entre sí al compartir sus experiencias de cómo solucionar determinadas crisis”. Una vez aceptada la localidad como una ciudad resiliente, se crea una oficina con un director de resiliencia, que depende de la Administración local, para liderar la recuperación urbana desde varios aspectos:

  • La comunicación entre distintas entidades para hacer proyectos conjuntos.
  • La concertación de los retos de la ciudad para la construcción de la resiliencia.
  • El liderazgo y la vigilancia de las estrategias, planes e iniciativas de recuperación.

La Fundación Rockefeller, a través de su programa100RC, financia las acciones de este directivo por dos años. Adicionalmente, las ciudades miembros de 100RC pueden acceder a una completa plataforma de información.

Siete cualidades

Las siete cualidades de una ciudad que resiste, responde y se adapta más fácilmente a los choques y tensiones son:

  • Reflexión: uso de las experiencias pasadas para informar las decisiones futuras.
  • Ingenio: reconocer formas alternativas de utilizar los recursos.
  • Robustez de sus sistemas: bien concebidos, construidos y administrados.
  • Redundancia: capacidad para dar cabida a la interrupción.
  • Flexibilidad: voluntad y capacidad para adoptar estrategias alternativas en respuesta a las circunstancias cambiantes.
  • Inclusión: propiciar las consultas y el sentido de pertenencia en la toma de decisiones.

Y, al hablar las cualidades, vuelve a emerger la imagen espejo del bambú que, una vez sembrada la semilla, esta puede tardar siete años en florecer, por lo cual se requiere sabia paciencia para que, al final de esta aparente inactividad, germine la estructura de un complejo sistema de raíces que soporte el crecimiento. Al séptimo año, en solo seis semanas puede crecer más de 30 metros.

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